Después del confinamiento, caminando sobre la cuerda floja hacia la recuperación

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by Laurence Boone, Economista Jefe de la OCDE

La propagación de Covid-19 ha sacudido la vida de las personas en el mundo entero de una manera extraordinaria, amenazando la salud, interrumpiendo la actividad económica y perjudicando el bienestar y el empleo. Desde nuestra última actualización de las Perspectivas Económicas a principios de marzo, el coronavirus se ha convertido en una pandemia global, avanzando demasiado rápido para la capacidad de reacción de muchos sistemas de salud, que muchas veces no lograron hacer frente de manera efectiva. Para frenar la propagación del virus y ganar tiempo para fortalecer los sistemas de salud, los gobiernos tuvieron que cerrar grandes partes de la actividad económica. Al momento de escribir esto, la pandemia ha comenzado a retroceder en muchos países y la actividad ha comenzado a repuntar. El impacto sanitario, social y económico del brote podría haber sido considerablemente peor sin la dedicación del personal médico y de otros trabajadores esenciales que continuaron sirviendo al público, poniendo en riesgo su propia salud al hacerlo.

Los gobiernos y los bancos centrales han implementado políticas de amplio alcance para proteger a las personas y las empresas de las consecuencias de la interrupción repentina de la actividad. La actividad económica se ha derrumbado en todos los países de la OCDE durante el confinamiento, hasta en un 20% a 30% en algunos países. Esto es un shock extraordinario. Las fronteras se han cerrado y el comercio se ha desplomado. Simultáneamente, los gobiernos implementaron medidas de apoyo rápidas, importantes e innovadoras para amortiguar el impacto, subsidiando a trabajadores y empresas. Las redes de seguridad social y financiera se fortalecieron a una velocidad inédita. A medida que aumentaban las tensiones financieras, los bancos centrales tomaron medidas fuertes y oportunas, desplegando una serie de políticas convencionales y no convencionales más allá de las utilizadas en la crisis financiera global, evitando que la crisis de salud y económica se convirtiera además en una crisis financiera.

Mientras no haya una vacuna o tratamiento disponible de manera generalizada, los responsables de formular políticas en todo el mundo seguirán caminando por la cuerda floja. El distanciamiento físico y la estrategia de testear, localizar, seguir y aislar (TTTI por sus siglas en inglés) serán los principales instrumentos para combatir la propagación del virus. TTTI es indispensable para que las actividades económicas y sociales puedan reanudarse. Pero aquellos sectores afectados por el cierre de fronteras y aquellos que requieren un contacto personal cercano, como el turismo, los viajes, el entretenimiento, los restaurantes y el alojamiento, no se reanudarán como antes. TTTI puede incluso no ser suficiente para prevenir un segundo brote del virus.

Ante esta incertidumbre extraordinaria, esta edición de las Perspectivas Económicas presenta dos escenarios posibles: uno en el que el virus continúa retrocediendo y permanece bajo control, y otro en el que un segundo brote aparece más adelante en 2020. Estos escenarios no son para nada exhaustivos, pero ayudan a enmarcar el campo de posibilidades y definir las políticas para caminar por esos terrenos inexplorados. Ambos escenarios son sombríos, ya que la actividad económica no vuelve ni puede volver a la normalidad en estas circunstancias. A finales del 2021, la pérdida de ingresos supera la de cualquier recesión anterior en los últimos 100 años fuera de tiempos de guerra, con consecuencias nefastas y duraderas para las personas, las empresas y los gobiernos.

La pandemia ha acelerado el giro desde la “gran integración” a la “gran fragmentación”. Han surgido restricciones comerciales y de inversión adicionales. Muchas fronteras están cerradas y probablemente lo seguirán estando, al menos en parte, mientras continúen considerables brotes de virus. Las economías toman caminos diferentes, dependiendo de cuándo y en qué medida fueron afectadas por el virus, la preparación de su sistema de salud, su especialización sectorial y su capacidad fiscal para enfrentar el impacto. Las economías de los mercados emergentes también se han visto sacudidas por la crisis. Los precios de las materias primas se han desplomado. Importantes salidas de capital, la caída de las remesas, la vulnerabilidad de los sistemas de salud y la extensa informalidad laboral han amenazado su capacidad de recuperación sanitaria, económica y social. En todas partes, el confinamiento también ha exacerbado la desigualdad entre los trabajadores, ya que aquellos que pueden teletrabajar son en general altamente calificados, mientras que los menos calificados y los jóvenes están más expuestos, a menudo incapaces de trabajar o son despedidos. Esta situación se ve agravada por desigualdades en la cobertura de la protección social. Algunos países tienen los niveles de deuda privada incómodamente altos, y los riesgos de quiebras e insolvencias son importantes.

Se requerirán políticas extraordinarias para caminar por la cuerda floja hacia la recuperación. Incluso si el crecimiento aumenta en algunos sectores, la actividad en general permanecerá débil por un tiempo. Los gobiernos pueden proporcionar redes de protección que permitan a las personas y las empresas adaptarse, pero no pueden sostener la actividad, el empleo y los salarios del sector privado durante un período prolongado. Al menos parte del capital y los trabajadores de sectores y empresas con pocas perspectivas de recuperación tendrán que trasladarse hacia otros sectores que se expanden. Este tipo de transiciones son difíciles y rara vez suceden lo suficientemente rápido como para evitar que aumente el número de empresas en quiebra y un período sostenido de desempleo. Los gobiernos necesitarán adaptar el apoyo y acompañar la transición, permitiendo procesos de reestructuración rápidos para las empresas, sin estigma para los empresarios, proporcionando ingresos para los trabajadores entre empleos, capacitación para los que fueron despedidos o se encuentran en transición hacia nuevos empleos, y protección social para los más vulnerables. Anteriormente, hemos reclamado un aumento de la inversión pública en tecnologías digitales y verdes para promover el crecimiento sostenible a largo plazo y elevar la demanda a corto plazo. Esto es aún más urgente hoy, ya que las economías se han visto muy afectadas.

Las políticas de recuperación de hoy darán forma a las perspectivas económicas y sociales en la próxima década. Las políticas monetarias ultra acomodaticias y una mayor deuda pública son necesarias y serán aceptadas mientras la actividad económica y la inflación estén deprimidas, y el desempleo esté alto. Sin embargo, el gasto financiado con deuda debe estar bien focalizado para apoyar a los más vulnerables y la inversión necesaria para una transición hacia una economía más sólida. El apoyo público debe ser transparente y justo. El apoyo a las empresas debe seguir reglas transparentes, y hacer que los accionistas y bonistas privados asumen pérdidas cuando los gobiernos intervengan, para evitar recompensas de riesgo privadas excesivas. El apoyo público continuo para los trabajadores y las empresas debe ser acompañado por mejoras en las relaciones entre empleadores y empleados, allanando el camino para una cohesión social más fuerte y, en última instancia, una recuperación más robusta y sostenible.

La recuperación no ganará fuerza sin más confianza, y la confianza no se recuperará completamente sin cooperación global. Es necesario aumentar la confianza tanto a nivel nacional como internacional. Las tasas de ahorro de los hogares se han disparado en la mayoría de los países de la OCDE, y la incertidumbre elevada y el aumento del desempleo frenan el consumo. Las interrupciones del comercio y las resultantes amenazas para las cadenas de suministro también impiden la reducción necesaria de la incertidumbre para que se reanude la inversión. La clave para reducir las dudas y desbloquear el impulso económico reside en una cooperación mundial para combatir el virus con un tratamiento y una vacuna, en el marco de una reanudación más amplia del diálogo multilateral. La comunidad internacional debe garantizar que, cuando una vacuna o tratamiento esté disponible, se pueda distribuir rápidamente en el mundo entero. De lo contrario, la amenaza se mantendrá. Del mismo modo, reanudar un diálogo constructivo sobre el comercio elevaría la confianza empresarial y el apetito por la inversión.

Los gobiernos deben aprovechar esta oportunidad para diseñar una economía más justa y más sostenible, haciendo que la competencia y la regulación sean más inteligentes, modernizando los impuestos, el gasto público y la protección social. La prosperidad proviene del diálogo y la cooperación. Esto es cierto a nivel nacional y global.

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