La población joven del Perú tiene un gran potencial, pero una parte importante sigue sin aprovecharse. La movilidad intergeneracional ha mejorado en educación, pero sigue siendo débil en ingresos. Esta desconexión explica por qué una población joven y cada vez más educada no se ha traducido en un mayor crecimiento de la productividad ni en oportunidades económicas más amplias.
Por Paula Garda, Departamento de Economía de la OCDE
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A pesar del aumento del nivel educativo entre generaciones, los débiles resultados de aprendizaje y transiciones escuela-trabajo, la elevada informalidad y las persistentes brechas de género limitan la movilidad ascendente e impiden que el capital humano se utilice plenamente. Abordar estas limitaciones permitiría aumentar la productividad, ampliar el empleo formal y elevar el potencial de crecimiento de largo plazo del Perú.
El acceso a la educación ha mejorado, pero sus resultados siguen siendo débiles
El nivel de educación alcanzado ha mejorado sustancialmente entre generaciones. La movilidad educativa intergeneracional, que mide si los hijos alcanzan niveles educativos superiores a los de sus padres, aumentó un 56% entre las cohortes nacidas en las décadas de 1940 y 1980 (Figura 1). Este avance es mayor que en la mayoría de los países pares de América Latina y refleja una expansión sostenida del acceso a la educación durante décadas.
Sin embargo, el progreso ha sido desigual. Solo el 59% de los jóvenes de 15 a 19 años está matriculado en el sistema educativo, lo que refleja elevadas tasas de abandono escolar, especialmente en las zonas rurales, donde largos desplazamientos, presiones económicas y una entrada temprana al mercado laboral alejan a muchos estudiantes de la escuela.
Los avances educativos no se han traducido en una movilidad de ingresos similar. La movilidad intergeneracional de ingresos, que mide si los hijos ganan más que sus padres en la adultez, aumentó solo un 15%, muy por debajo de la movilidad educativa. Esto muestra que una mayor educación no ha generado aumentos proporcionales de ingresos entre generaciones. El lugar donde crece un niño y si sus padres trabajan en la informalidad siguen influyendo fuertemente en sus perspectivas de ingresos en la adultez. Los residentes rurales, las mujeres y los hijos de trabajadores informales tienen una probabilidad significativamente menor de superar los ingresos de sus padres, lo que limita tanto la equidad como el crecimiento de largo plazo.
Cuando la escuela no conduce a mejores ingresos
Los resultados de aprendizaje siguen siendo débiles pese al mayor acceso a educación. Las puntuaciones del Perú en PISA están muy por debajo del promedio de la OCDE, situando al país cerca de la parte inferior entre las economías participantes. Los estudiantes de hogares más pobres obtienen resultados considerablemente peores que sus pares, lo que refleja brechas en la calidad docente, la infraestructura y el acceso a servicios básicos, especialmente en las escuelas rurales.
Los bajos niveles de aprendizaje contribuyen a transiciones difíciles de la escuela al trabajo. Alrededor de uno de cada cinco jóvenes peruanos no estudia ni trabaja ni recibe formación. Las tasas de jóvenes que no estudian ni trabajan son más altas entre las mujeres, debido en parte a la maternidad temprana y al acceso limitado a servicios de cuidado infantil, lo que restringe la inserción laboral al inicio de la vida activa.
Incluso quienes trabajan suelen quedar atrapados en empleos informales. Más del 71% del total de los trabajadores y más del 85% de los jóvenes ocupados son informales (Figura 2). Los empleos informales ofrecen poca capacitación, bajos salarios y ausencia de protección social, lo que reduce los incentivos para acumular habilidades. Como resultado, la informalidad se transmite con frecuencia entre generaciones, atrapando a las familias en empleos de baja productividad y debilitando el crecimiento de la productividad.
Las brechas de género refuerzan estas dinámicas. Las mujeres han cerrado en gran medida las brechas educativas con respecto a los hombres, pero aún enfrentan una brecha de empleo de 17 puntos porcentuales y ganan en promedio un 19% menos. Las responsabilidades desiguales de cuidado y la limitada disponibilidad de servicios de cuidado infantil y de personas mayores empujan a muchas mujeres hacia empleos informales o a tiempo parcial, reduciendo los ingresos a lo largo de la vida y la oferta laboral.
Prioridades de política para impulsar la movilidad intergeneracional
Desbloquear todo el potencial del Perú requiere actuar en varios frentes:
- Mejorar la calidad de la educación y las bases tempranas. Ampliar el acceso a la educación inicial para niños menores de tres años, especialmente en zonas rurales y vulnerables, mejoraría los resultados cognitivos y favorecería una mayor participación laboral femenina. Fortalecer la formación docente, aplicar criterios meritocráticos en la contratación y mejorar la infraestructura escolar rural es esencial para cerrar brechas de aprendizaje y reducir el abandono escolar.
- Fortalecer la transición de la escuela al empleo formal. La educación y formación técnica y profesional sigue siendo limitada. Solo el 2% de los jóvenes está matriculado en programas de educación profesional y técnica (EFTP), muy por debajo de los países de la OCDE. Ampliar la EFTP, mejorar su gobernanza y alinear los programas con las necesidades del mercado laboral facilitaría el acceso al empleo formal. La educación de segunda oportunidad, combinada con servicios de empleo y apoyo social focalizado, puede ayudar a reincorporar a los jóvenes que no estudian ni trabajan.
- Crear empleo formal. Mejorar las competencias ayudaría a reducir la informalidad, pero se necesita una agenda integral que combine reformas educativas, del mercado laboral y del entorno empresarial para que la formalidad sea la norma y no la excepción. Trasladar las contribuciones a la seguridad social desde un esquema basado en el tamaño de la empresa hacia un esquema progresivos basados en los ingresos laborales, más bajos para trabajadores de más bajos salarios, reduciría los incentivos para que las empresas permanezcan pequeñas o informales. Simplificar regulaciones laborales y empresariales, fortalecer la fiscalización y mejorar la productividad de las pymes y su acceso al financiamiento favorecería la creación de empleos de mayor calidad.
Mejorar la movilidad intergeneracional impulsaría el crecimiento económico. Cuando los niños pueden desarrollar plenamente su potencial independientemente de su origen familiar, el país se beneficiaría de una fuerza laboral más numerosa y mejor calificada. Al mejorar la calidad de la educación, ampliar el empleo formal y reducir las brechas de género, el Perú puede convertir a su población joven en el motor de un crecimiento más fuerte y ampliamente compartido.
Para más información: Panorama económico de la OCDE para el Perú.
Referencia
OCDE (2025), OECD Economic Surveys: Peru 2025, OECD Publishing, París.
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