Un sector público más digital para una América Latina más productiva

Jens Arnold, Aida Caldera, Priscilla Fialho, Paula Garda, Alberto González Pandiella, Michael Koelle, Alessandro Maravalle, Dimitris Mavridis, Claudia Ramírez y Adolfo Rodriguez-Vargas, Departamento de Economía, OCDE

La última edición de las Perspectivas Económicas de la OCDE ofrece un diagnóstico realista pero esperanzador sobre las economías latinoamericanas. Aunque el entorno global sigue siendo complejo, marcado por tensiones comerciales y geopolíticas, la región tiene oportunidades claras para fortalecer el crecimiento económico a través de las reformas estructurales. Una de las más prometedoras: la transformación digital del sector público para simplificar trámites, reducir costos y mejorar la eficiencia regulatoria.

América Latina muestra resiliencia pero con desafíos persistentes

En línea con la evolución de la economía global, tras un crecimiento proyectado del 2.3% en 2025, se prevé una ligera desaceleración al 1.9% en 2026, antes de repuntar al 2.4% en 2027 en las  siete principales economías de la región. Factores como la consolidación fiscal en muchos países de la región, necesaria pero restrictiva, y una elevada incertidumbre política y económica seguirán afectando la demanda interna, la inversión y las exportaciones, principalmente en 2026.

Cuadro. Perspectivas económicas para los países de América Latina

Nota: América Latina 7 es la media ponderada por el PIB a valores de paridad del poder de compra de los 7 países en la tabla para el PIB. América Latina 6 es la media simple de los países incluidos en el cuadro para la inflación excluyendo a Argentina.
Fuente: OCDE Perspectivas Económicas No. 118, diciembre de 2025.

La inflación en los últimos meses ha sido más persistente de lo esperado. En la mayoría de los países se prevé que en 2025 la inflación se mantenga por encima de las metas de los bancos centrales, convergiendo gradualmente hacia las metas en 2026 y 2027. Excepciones son Perú, donde la inflación está controlada hace un año, Costa Rica, que mantiene una inflación negativa en 2025, y Argentina, en donde la elevada inflación seguirá reduciéndose gracias a una combinación de consolidación fiscal y política monetaria restrictiva. La mayoría de los países tendría que mantener una política monetaria prudente basada en datos y orientada a devolver la inflación a sus metas sin generar presiones innecesarias sobre la actividad. En este contexto, los bancos centrales deben mantenerse atentos a la evolución del comercio global, las condiciones financieras, las expectativas de inflación y la orientación de la política fiscal. Al mismo tiempo, será clave que la consolidación fiscal siga avanzando con medidas concretas y más ambiciosas, dada la elevada deuda pública y la necesidad de asegurar su sustentabilidad en un entorno externo incierto y con elevados costos de financiamiento.

Los riesgos económicos están sesgados a la baja:

  • Incertidumbre global derivada de tensiones comerciales y geopolíticas, junto con la incertidumbre política en algunos países de la región asociada al ciclo electoral u otros factores internos, podría afectar negativamente a la inversión y las exportaciones, con repercusiones adversas sobre el crecimiento económico.
  • Desviaciones fiscales podrían subir el coste del servicio de la deuda, socavar la confianza, frenar la inversión y generar presiones inflacionarias.
  • Persistencias inflacionarias limitarían el espacio para reducir las tasas de interés, afectando las condiciones financieras y desincentivando el consumo y la inversión.

Sin embargo, también hay riesgos al alza: una reducción de las barreras comerciales o redirección del comercio hacia la región y una menor incertidumbre geopolítica podrían fortalecer el consumo, la inversión y el consumo.

Aprovechar la revolución digital para avanzar hacia marcos regulatorios más simples y eficientes

El capítulo especial de las perspectivas económicas subraya la necesidad de avanzar hacia marcos regulatorios más simples y eficientes. En este contexto, la transformación digital del sector público emerge como una herramienta clave para facilitar esta simplificación regulatoria, reduciendo la carga administrativa y modernizando procesos normativos. Una implementación eficiente de la gobernanza digital representa una gran oportunidad para América Latina, tanto para mejorar la eficiencia del gasto público y la transparencia, como mejorar el crecimiento económico al impulsar la productividad de las empresas, históricamente baja. Un gobierno digital bien implementado permite:

  • Ofrecer servicios públicos más rápidos, sencillos e inclusivos.
  • Reducir costos administrativos y simplificar trámites gubernamentales, mejorando el entorno de negocios, lo que cual se puede traducir en ganancias significativas de eficiencia al reducir costos y tiempos de espera, ampliar la cobertura y fomentar la competitividad de las empresas. 
  • Fortalecer la transparencia y rendición de cuentas facilitando el acceso ciudadano a la información, la detección de irregularidades, contribuyendo a prevenir el fraude.

Los indicadores de la OCDE muestran que países como Colombia y Brasil lideran el gobierno digital en la región. Colombia ha avanzado significativamente con la puesta en marcha de plataformas en línea, aplicaciones móviles para trámites gubernamentales y datos abiertos, mientras que Brasil ha sido pionero en servicios como el voto electrónico, las declaraciones de impuestos digitales, y más recientemente la centralización del acceso a cientos de servicios y la identificación digital. No obstante, muchos otros países siguen rezagados (Figure 1).

¿Qué se necesita para una transformación digital exitosa del sector público?

Para lograr una transformación digital exitosa en el sector público, los gobiernos de América Latina aún enfrentan retos importantes y requieren redoblar esfuerzos para lograr:

  • Infraestructura digital robusta con cobertura suficiente y sistemas interoperables entre niveles de gobierno para garantizar que todos puedan acceder a los servicios digitales.
  • Coordinación efectiva entre gobiernos centrales y locales. En muchos países de la región, existe una gran brecha en el uso de herramientas digitales entre las instituciones públicas centrales y las locales.
  • Autoridad política clara para liderar la transformación.  El reciente impulso a la agenda digital en México, incluida la creación de la Agencia de Transformación Digital y Tecnológica, es un ejemplo destacado de cómo dotar de liderazgo institucional a estos procesos
  • Regulación ágil y flexible para tecnologías emergentes como la inteligencia artificial.
  • Confianza ciudadana. Garantizar la privacidad y la seguridad de los datos es esencial para que los ciudadanos confíen y utilicen los servicios públicos digitales, aprovechando así al máximo el potencial de la digitalización. Además, publicar datos en formatos reutilizables facilitaría el acceso a información pública completa y confiable, mientras que impulsar la colaboración entre gobiernos, sociedad civil, universidades y empresas, aceleraría la experimentación y mejoraría el impacto de la gobernanza digital.

Casos exitosos como el de Estonia demuestran que una gobernanza digital bien implementada puede generar ahorros al gobierno equivalentes al 2 % del PIB anual.

Digitalizar para transformar

La digitalización del sector público no solo mejora la eficiencia del gasto público. También genera beneficios que se extienden a toda la economía, al elevar la productividad, reducir cargas administrativas para ciudadanos y empresas, facilitar la formalización y mejorar el acceso a servicios esenciales, todos desafíos de larga data en la región. Pero para que la gobernanza digital tenga legitimidad y pueda realmente desplegar todo su potencial, es necesario que todos se conviertan en “ciudadanos digitales”. Esto implica centrarse en las necesidades reales de la población y crear las condiciones para que todos tengan acceso a conexión a internet, dispositivos adecuados y las habilidades necesarias para navegar con seguridad. La transformación digital debe ser ambiciosa. Solo así la región podrá aprovechar todo su potencial y construir un futuro más próspero.

Para más información:

OECD (2025), OECD Economic Outlook, Volume 2025 Issue 2, OECD Publishing, Paris, https://doi.org/10.1787/9f653ca1-en – Reporte completo en inglés con las proyecciones macroeconómicas, los principales desafíos estructurales e información detallada por país.

Perspectivas económicas de la OCDE para países de América Latina

Información detallada por país: Argentina Brasil Chile Colombia Costa Rica | México Perú




Generando espacio fiscal para un crecimiento sólido, sostenible y ampliamente compartido en el Perú

Por Aida Caldera-Sánchez, Paula Garda y Michael Koelle, OCDE.

Disponible en inglés

El Perú tiene la oportunidad de combinar un mayor crecimiento económico con finanzas públicas sostenibles. Durante las dos últimas décadas, Perú fue una de las economías de más rápido crecimiento en América Latina, apoyada en un robusto macro macroeconómico que incluye reglas fiscales, una política monetaria creíble y una supervisión financiera robusta. Una gestión fiscal prudente permitió elevar los niveles de vida y atraer inversión, y ayudó a afrontar diversos choques externos y domésticos. Sin embargo, el crecimiento se ha desacelerado desde el fin del boom de las materias primas, lastrado por la debilidad de la inversión privada y una productividad estancada. Al mismo tiempo, en los últimos años los déficits fiscales han superado las metas de la regla fiscal, con medidas que aumentan el gasto sin un claro financiamiento y otras medidas que erosionan la base tributaria. Si estas tendencias se mantienen, existe el riesgo de debilitar el sólido marco macroeconómico que hasta ahora ha sustentado la resiliencia de la economía peruana.

Como proyecta el recientemente publicado Estudio Económico de la OCDE sobre el Perú, el crecimiento se moderará a 2,8% en 2025 y 2,6% en 2026, en un contexto de incertidumbre global y doméstica, y tasas de crecimiento cercanas a la capacidad de crecimiento de largo plazo de la economía. Esto hace que la sostenibilidad fiscal sea aún más urgente, ya que, con un menor crecimiento, estabilizar la deuda se vuelve más difícil. Adicionalmente, las proyecciones de la OCDE muestran déficits fiscales por encima de los límites de la regla fiscal en los próximos años, requiriendo un ajuste adicional de alrededor de 0,4% del PIB. Sin un mayor esfuerzo de movilización de ingresos y un control más estricto del gasto, cumplir las reglas fiscales seguirá siendo un desafío incluso en el mediano plazo.

Por qué importa el espacio fiscal

Para aumentar la capacidad de crecimiento de largo plazo, el Perú necesita espacio fiscal para invertir en educación, protección social, infraestructura y adaptación al cambio climático. Sin reformas para financiar gasto público ya comprometido, la deuda aumentará de forma sostenida incluso desde un punto de partida bajo (línea roja de la Figura 1). En cambio, una mayor eficiencia en el gasto, una reforma tributaria integral (línea naranja) y una ambiciosa agenda de reformas pro-crecimiento (línea verde) para elevar la productividad, reducir la informalidad y fortalecer las instituciones mantendrían la deuda en una trayectoria sostenible. En conjunto, estas reformas le darían al Perú los medios para acelerar la convergencia de su ingreso  per cápita a los países de la OCDE y elevar los niveles de vida.

Cumplimiento de la regla fiscal

La prioridad inmediata es reducir el déficit fiscal para que vuelva a estar dentro de los límites de la regla. Esto es fundamental para mantener la confianza de los inversionistas, conservar bajos los costos de financiamiento y preservar la capacidad del gobierno para responder a choques futuros. Cumplir con la regla fiscal puede lograrse controlando el gasto corriente —en especial la planilla, que tiende a aumentar en años electorales— eliminando gradualmente el subsidio al diésel bajo el Fondo de Estabilización de Precios de los Combustibles (FEPC) y limitando la proliferación de gastos tributarios. El apoyo financiero a Petroperú, la empresa estatal de petróleo, debe acompañarse de un plan creíble para restaurar su viabilidad, incluyendo la alineación con los estándares de gobernanza de las empresas estatales de la OCDE.

Gastar mejor

Lograr que el gasto e inversión públicos sean más eficientes debe ser una prioridad. El gobierno peruano ya invierte más que muchos países de la OCDE y de la región, pero la calidad de la infraestructura sigue siendo baja, mientras que la cobertura de la protección social es incompleta y mal focalizada. La tarea es garantizar que cada sol gastado entregue servicios de calidad y llegue a quienes más lo necesitan. Perú puede reorientar recursos hacia protección social, educación y resiliencia climática, al tiempo que fortalece los registros sociales para mejorar la focalización, mejora la evaluación de proyectos de inversión mediante análisis sistemáticos de costo-beneficio y fortalece las capacidades de los gobiernos subnacionales, todo lo cual permitiría mejores resultados.

Aumentar los ingresos

La eficiencia del gasto por sí sola no será suficiente. Con ingresos tributarios de apenas 17% del PIB, el Perú tiene ingresos entre los más bajos de América Latina y muy por debajo del promedio de la OCDE de 34% del PIB (Figura 2). Esto refleja una extendida evasión fiscal, alta informalidad, una administración tributaria ineficiente y una estructura tributaria dependiente del IVA y del impuesto a la renta corporativa, pero debilitada por la baja recaudación del impuesto a la renta personal y gastos tributarios.

Por ello es necesario mejorar la administración tributaria y avanzar en una reforma tributaria integral. Fortalecer la administración tributaria implica modernizar su capacidad para garantizar el cumplimiento. Inversiones en digitalización, facturación electrónica, intercambio de datos entre entidades y auditorías basadas en riesgos harían más eficaz la fiscalización. La reforma tributaria debería incluir varios elementos:

  • Revisiones sistemáticas de los gastos tributarios, actualmente estimados en más del 2% del PIB, y cláusulas de caducidad para mantener solo las medidas con beneficios sociales o de productividad claros.
  • Simplificación de los regímenes de impuesto a la renta empresarial para las pequeñas empresas mediante la sustitución de esquemas múltiples y superpuestos por un régimen único que reduzca la evasión e incentive el crecimiento de las empresas y la formalización empresarial.
  • Ampliación de la base del impuesto a la renta personal reduciendo gradualmente el umbral a partir del cual se empieza a pagar y reemplazando las contribuciones a la seguridad social basadas en el tamaño de la empresa por contribuciones progresivas basadas en el ingreso laboral, más bajas para quienes ganan menos, para incentivar la formalización laboral.

Junto con una mayor recaudación de impuestos a la propiedad, ambientales y selectivos al consumo, estas medidas crearían un sistema tributario más justo, eficiente y con una base de ingresos más amplia.

El desafío del Perú es reactivar el crecimiento salvaguardando al mismo tiempo la sostenibilidad fiscal. El cumplimiento de la regla fiscal debe ir de la mano de una mayor eficiencia del gasto, mayores ingresos fiscales y reformas para elevar la productividad y fortalecer las instituciones, sentando las bases de la prosperidad a largo plazo.

Para más información: Panorama económico de la OCDE para el Perú.

Referencia

OCDE (2025), Estudios Económicos de la OCDE: Perú 2025, https://www.oecd.org/es/publications/estudios-economicos-de-la-ocde-peru-2025_626594d0-es.html, Publicaciones OCDE, París.




Convertir la incertidumbre global en oportunidad: Una agenda de competitividad para América Latina

Por Jens Arnold, Aida Caldera, Priscilla Fialho, Paula Garda, Alberto González Pandiella, Michael Koelle, Alessandro Maravalle, Dimitris Mavridis, Claudia Ramírez y Adolfo Rodriguez-Vargas, OCDE.

El contexto global, marcado por una alta incertidumbre política y fragmentación, plantea nuevos desafíos para América Latina, pero también abre nuevas oportunidades para fortalecer su competitividad y reducir vulnerabilidades.

Se espera que el PIB en América Latina crecerá 2.1% en 2025 y 2% en 2026, lo que refleja una desaceleración generalizada en la región. Estas cifras son más bajas que las previstas a fines del año pasado y se sitúan por debajo del promedio de otras economías emergentes. Aunque se espera una fuerte recuperación en Argentina, el crecimiento se mantiene débil en la mayoría de los países, con revisiones a la baja para Brasil, México y Colombia (Tabla), en un contexto generalizado de una débil demanda externa y la alta incertidumbre.

Cuadro. Perspectivas económicas para los países de América Latina

Nota: América Latina 7 es la media ponderada por el PIB a valores de paridad del poder de compra de los 7 países en la tabla para el PIB. América Latina 6 es la media simple de los países incluidos en el cuadro para la inflación excluyendo a Argentina.
Fuente: OCDE Perspectivas Económicas No. 117, junio de 2025.

La desinflación avanza, pero persisten las presiones inflacionarias. La inflación se mantiene por encima del objetivo en muchos países. En cambio, Argentina ha logrado avances significativos gracias a una combinación de consolidación fiscal y una política monetaria más restrictiva. Con la excepción de Argentina y Brasil, los bancos centrales de la región deberían continuar con su flexibilización monetaria prudente y gradual para asegurarse que la inflación se acerque al objetivo, manteniéndose alerta ante riesgos de salidas de capitales y nuevas presiones inflacionarias.

Los riesgos para las perspectivas son a la baja. Un aumento de los aranceles comerciales y menor dinamismo al previsto en socios comerciales clave podría debilitar aún más las exportaciones y presionar a la baja los precios de las materias primas. Los costos comerciales podrían ralentizar más de lo esperado la desinflación en las economías avanzadas y prolongar tasas de interés globales más altas. Una elevada deuda pública y unas condiciones financieras globales más restrictivas de lo previsto, podrían retrasar la tan necesaria inversión. Si se intensifican las salidas de capital, los bancos centrales podrían tener menos margen de maniobra para flexibilizar la política monetaria.

Una agenda de competitividad para tiempos inciertos

En este complejo entorno global, la región necesita más que nunca mejorar sus políticas domésticas. Un área donde es posible avanzar, y urgentemente necesario, es en competitividad, comercio e inversión. Estas no son prioridades nuevas, pero los cambios globales en el comercio, las cadenas de suministro y la transición hacia economías más sostenibles aumentan su relevancia estratégica. Los países que ofrezcan estabilidad institucional, apertura y baja carga administrativa estarán mejor posicionados para atraer inversión y expandir sus mercados.

Mejorar los procedimientos aduaneros representa una oportunidad clara. Según los Indicadores de Facilitación del Comercio de la OCDE, América Latina aún enfrenta altos costos comerciales debido a procedimientos aduaneros complejos, inspecciones redundantes y poca coordinación entre agencias fronterizas (Figura). Hay amplio margen para mejorar el procesamiento, levante y despacho de mercancías, en particular mediante una mayor automatización y una mejor coordinación entre las agencias aduaneras, sanitarias, tributarias y otras agencias fronterizas. Medidas prácticas como la cooperación entre agencias de distintos países en la frontera, la agilización de los procesos judiciales y una mayor digitalización pueden beneficiar a los exportadores, especialmente a las pequeñas empresas, y atraer inversión. Además, estas medidas reducen los costos de operar formalmente, lo que incentiva a más empresas a salir de la informalidad.

Figura. Las políticas de facilitación del comercio pueden mejorarse en América Latina

2 = Mejor desempeño

Nota: Disponibilidad de la información y uso de consultas públicas es la media de los indicadores de la facilitación del comercio (TFI, por sus siglas en inglés) A y B. Eficiencia del marco jurídico es la media de los indicadores TFI C y D. Simplicidad de los procedimientos es la media de los indicadores TFI F, G y H. Eficacia de las agencias fronterizas es la media de los indicadores TFI I, J y K. ALC-7 es la media de Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, México y Perú.
Fuente: Estadísticas sobre los Indicadores de Facilitación del Comercio de la OCDE (TFI, por sus siglas en inglés).

La facilitación del comercio debe ir acompañada de reformas más amplias que fomenten la productividad. Impulsar la competitividad de las exportaciones y la productividad empresarial también requiere un entorno empresarial más dinámico, una mayor competencia doméstica, un mejor acceso a la financiación, más capacitación y capacidad de innovación. Estas reformas se refuerzan mutuamente: las empresas más productivas tienen mayor probabilidad de exportar, invertir y formalizarse.

El fortalecimiento de la integración regional sigue siendo relevante en América Latina, especialmente en un mundo donde las cadenas de valor están cambiando y los centros regionales cobran mayor importancia. El enfoque debe centrarse en la cooperación: mejorar la cooperación entre organismos fronterizos, el reconocimiento mutuo de normas, el intercambio de datos, los sistemas interoperables y el reconocimiento de estándares técnicos comunes. La región también cuenta con un potencial sin explotar en el comercio de servicios, gracias a idiomas compartidos y husos horarios similares; sin embargo, el comercio interregional de servicios sigue siendo bajo en comparación con los estándares mundiales.

América Latina debe adoptar una visión más orientada hacia el exterior. Acuerdos comerciales como el de la UE-Mercosur, y la participación en marcos plurilaterales como la Alianza del Pacífico o el CPTPP pueden ayudar a diversificar mercados de exportación, atraer inversión, fortalecer la participación en las cadenas globales de valor y aprovechar nuevas tecnologías. Sin embargo, para aprovechar al máximo los beneficios de estas iniciativas, los países deben mejorar su capacidad de implementación y garantizar la coherencia entre las políticas comerciales, de inversión y regulatorias.

América Latina cuenta con ventajas reales: vastas reservas de minerales críticos, abundante energía renovable, una fuerza laboral joven y cada vez más cualificada, y proximidad a mercados clave. Al impulsar reformas concretas que mejoren la competitividad, reduzcan las barreras comerciales y atraigan inversión de calidad, la región puede convertir los desafíos actuales en oportunidades y sentar las bases para un crecimiento más sólido y resiliente.

Referencias:

OECD (2025), OECD Economic Outlook, Volume 2025 Issue 1, OECD Publishing, Paris, doi – Reporte completo en inglés con las proyecciones macroeconómicas, los principales desafíos estructurales e información detallada por país.

Perspectivas económicas de la OCDE para países de América Latina, Junio 2025.

Información detallada por país: Argentina Brasil Chile Colombia Costa Rica | México Perú




Derribando barreras al crecimiento en América Latina

Por Jens Arnold, Aida Caldera, Priscilla Fialho, Paula Garda, Alberto González Pandiella, Michael Koelle, Alessandro Maravalle, Dimitris Mavridis, Claudia Ramírez, Adolfo Rodriguez-Vargas y Elena Vidal, Departamento de Economía, OCDE.

América Latina enfrenta un crecimiento moderado que, aunque resiliente, no es suficiente para mejorar significativamente los niveles de vida y la convergencia en PIB per cápita a países más avanzados. En un contexto donde el crecimiento global se estabiliza apenas por encima del 3% (OECD, 2024), y existen numerosas tensiones globales ¿cómo puede la región reavivar el crecimiento?

El crecimiento económico de la región sigue siendo moderado en 2024, en gran parte debido al efecto de política monetaria para frenar la inflación y a una demanda externa débil. Aunque se proyecta una ligera mejora en el crecimiento en los próximos dos años (Cuadro), gracias a la recuperación de los salarios reales, la resiliencia de los mercados laborales y la relajación de la política monetaria, este crecimiento converge hacia un crecimiento potencial bajo, insuficiente para elevar significativamente los niveles de vida.

Cuadro. Perspectivas económicas para los países de América Latina

Nota: América Latina 7 es la media ponderada por el PIB a valores de paridad del poder de compra de los 7 países en la tabla para el PIB. América Latina 6 es la media simple de los países incluidos en el cuadro para la inflación excluyendo a Argentina.
Fuente: OCDE Perspectivas Económicas No. 116, diciembre de 2024.

La inflación en América Latina sigue moderándose en la mayoría de los países, acercándose a los rangos meta fijados por los bancos centrales. Sin embargo, persisten desafíos significativos. En Brasil, un repunte inflacionario llevó a su banco central a pausar y, más recientemente, a subir las tasas de política monetaria. Aunque la mayoría de los bancos centrales han reducido sus tasas de referencia, la velocidad e intensidad varía considerablemente. La relajación monetaria continuará en la mayor parte de los países de la región, pero deberá implementarse con cautela debido a riesgos inflacionarios.

América Latina enfrenta riesgos que podrían frenar su crecimiento. A nivel global, las tensiones comerciales y geopolíticas continúan generando incertidumbre y podrían aumentar la volatilidad de los precios de las materias primas e impactar la actividad económica de la región. Además, la inflación persistente en el sector servicios podría ralentizar la relajación monetaria, tanto global como regional. En el ámbito comercial, un posible aumento de aranceles en EEUU representaría un nuevo desafío, mientras que un crecimiento menor al esperado en China podría impactar a los países más expuestos.  

A nivel doméstico, los riesgos incluyen aquellos derivados de elevados déficits fiscales, un creciente nivel de deuda pública y una alta carga de intereses, los cuales se han agravado en casi todos los países. De no abordarse oportunamente, estos factores podrían desencadenar reacciones adversas en los mercados financieros. La mayoría de los países están actualmente rezagados respecto a sus metas fiscales para 2024, lo que hace urgente implementar medidas de consolidación para situar la deuda en una senda descendente y salvaguardar la sostenibilidad fiscal. Por el lado positivo, un mayor crecimiento de los socios comerciales y una coyuntura mundial más benigna podrían impulsar las exportaciones y las entradas de capital, así como un repunte de la inversión podría impulsar el crecimiento.

A pesar de que la región ha afrontado de forma resiliente la coyuntura reciente, el crecimiento proyectado es moderado y aumentar el crecimiento de largo plazo sigue siendo el principal desafío para América Latina. Esto requiere fortalecer la inversión, que permanece débil, y el crecimiento de la productividad, un reto de larga data en la región.

Impulsar la inversión y la productividad: Reformas clave para un ambiente empresarial competitivo

Mejorar el ambiente empresarial y fomentar la competencia son medidas esenciales para impulsar la inversión y la productividad sin requerir grandes recursos fiscales. Reformar las regulaciones del mercado de productos es clave para eliminar barreras a la competencia, un área donde América Latina está significativamente rezagada, según el reciente indicador de Regulación de Producto de Mercado (PMR) de la OCDE. Por ejemplo, reducir barreras regulatorias en sectores clave, tales como industrias de red (electricidad, transporte, telecomunicaciones) y servicios, podría atraer inversiones más diversificadas y promover la innovación en la región. Además, mejorar la gobernanza de las empresas públicas ayudaría a mejorar el ambiente de negocios. 

Las reformas prioritarias deben enfocarse en reducir la carga administrativa y los costos de entrada para las empresas, especialmente en el sistema de permisos y licencias, que son altos en la mayoría de los países de la región (Grafico), para impulsar la inversión, la formalidad empresarial y la productividad. Simplificar la creación de empresas mediante ventanillas únicas donde las empresas pueden realizar todos los trámites online y de una sola vez, como en Portugal o Estonia, puede reducir costes y mejorar la eficiencia. Aunque muchos países de América Latina ya cuentan con sistemas similares, es necesario ampliar su cobertura y funcionalidad. Por ejemplo, Chile está discutiendo una reforma para simplificar permisos sectoriales a través de una ventanilla única, mientras que Argentina creó el Ministerio de Desregulación y Transformación del Estado para simplificar y agilizar trámites, reducir las cargas regulatorias y promover una administración más eficiente.

América Latina debe superar su bajo potencial de crecimiento implementando reformas audaces que derriben barreras al desarrollo empresarial, desarrollen el talento necesario, atraigan inversión y transformen la región en un terreno fértil para la innovación y el crecimiento sostenible. Los vastos recursos de energía renovable y el crecimiento del nearshoring brindan oportunidades únicas para América Latina. Invertir en infraestructura sostenible y atraer industrias verdes puede convertir a la región en un líder de sostenibilidad. El momento de actuar es ahora.

Gráfico. Mejorar el entorno empresarial y fomentar la competencia es necesario

Índice de regulación del mercado de productos, 2023

Nota: América Latina (ALC-6) es el promedio simple de Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, México y Perú.
Fuente: Base de datos PMR OCDE 2023-2024.

Referencias:

OECD (2024), OECD Economic Outlook, Volume 2024 Issue 2: Resilience in uncertain times, OECD Publishing, Paris, https://doi.org/10.1787/d8814e8b-en  – Reporte completo en inglés con las proyecciones macroeconómicas, los principales desafíos estructurales e información detallada por país.

Perspectivas económicas de la OCDE para países de América Latina, Diciembre 2024.

Información detallada por país: Argentina Brasil Chile Colombia Costa Rica | México Perú




Impulsando la prosperidad regional: Cómo Colombia puede cerrar las brechas económicas

Por Michael Koelle, Aida Caldera Sánchez y Paula Garda, Departamento de Economía de la OCDE

Blog para dar seguimiento al lanzamiento del Estudio Económico Colombia 2024. También disponible en inglés.

Abordar las disparidades regionales en la productividad en Colombia es crucial para mejorar los niveles de vida y garantizar el bienestar económico de todos los colombianos. Las brechas regionales del PIB per cápita de Colombia se encuentran entre las más altas de la OCDE (Figura 1), impulsadas en gran medida por diferencias profundamente arraigadas en productividad, como se destacó en el reciente Estudio Económico de la OCDE sobre Colombia 2024. Estas disparidades se han desarrollado a lo largo de muchos años, exacerbadas por décadas de conflicto, un acceso desigual a la infraestructura, la educación, la capacitación y las oportunidades del mercado laboral, y también debido a desafíos institucionales.

Figura 1. Las brechas del PIB per cápita entre las regiones colombianas son amplias

Nota: El PIB per cápita es para grandes regiones TL2 (departamentos en Colombia) y para 2022 o el último año disponible.

Colombia se encuentra ante una oportunidad única para impulsar su economía y garantizar que todas las regiones se beneficien. Las tendencias globales, como los cambios en los patrones comerciales, el nearshoring y la transición ecológica, presentan desafíos, pero también grandes oportunidades. El gobierno colombiano ha hecho del desarrollo regional una parte clave de su plan para revitalizar, diversificar y transformar la economía. Para aprovechar este momento y llevar prosperidad a todas las regiones, el Estudio Económico de la OCDE sobre Colombia 2024 describe un conjunto de acciones en varias áreas de política:

  1. Mejorar la infraestructura para mejorar la conectividad: La calidad de la infraestructura de Colombia se ha visto frenada durante mucho tiempo por la falta de inversión, el conflicto armado, y la geografía del país. Por ejemplo, puede llevar más de ocho horas recorrer los 250 km que separan Bogotá de Medellín. Si bien las carreteras troncales han experimentado algunas mejoras recientes gracias a las asociaciones público-privadas, el siguiente paso es desarrollar y conectar puertos, ríos, ferrocarriles y carreteras de manera más eficiente. Además, la mejora de los caminos rurales es fundamental para conectar a las comunidades remotas con las ciudades y los mercados cercanos.
  2. Reducir la burocracia para las empresas:  Losaltos costos administrativos y las complejas regulaciones hacen difícil que las empresas, sobre todo las pequeñas, prosperen en Colombia. La expansión de las ventanillas únicas empresariales (VUE) digitales para permisos y licencias a más municipios, incluyendo más trámites y soluciones de pago digital, particularmente en áreas remotas, ayudaría a más pequeños negocios a formalizarse, crear empleos y contribuir a las economías locales.
  3. Equipar a los adultos jóvenes con habilidades para el trabajo: Muchos adultos jóvenes abandonan la escuela sin las habilidades que necesitan para tener éxito en la fuerza laboral, especialmente en áreas rurales donde los colegios están lejos. Los programas de formación profesional de segundo ciclo han sido un salvavidas para muchos, ya que ofrecen competencias valiosas y buenos resultados. La expansión de estos programas en regiones vulnerables donde las opciones educativas son limitadas puede ayudar a cerrar la brecha entre la escuela y el trabajo.
  4. Fortalecer las capacidades y las finanzas de los gobiernos subnacionales: Muchos gobiernos subnacionales, especialmente los municipios en áreas remotas y rurales, tienen unas capacidades fiscales y administrativas limitadas. Una reforma para fortalecer los mecanismos de igualación de ingresos fiscales y mejorar la recaudación directa de impuestos mejoraría las capacidades fiscales. La implementación en curso del catastro multipropósito es un paso importante en este camino. El desarrollo de la capacidad administrativa debe ir de la mano con la delegación de autoridad, la clarificación de las responsabilidades de gasto y la mejora de la coordinación intergubernamental. Estas recomendaciones están en línea con las recomendaciones de la Comisión de Descentralización de Colombia.
  5. Luchar contra la corrupción, especialmente en las zonas rurales:  La corrupción afecta más a las regiones más pobres y rurales de Colombia, erosionando la confianza y bloqueando el progreso. El fortalecimiento de las regulaciones sobre el financiamiento privado de las campañas políticas, una mejor protección de los líderes de la sociedad civil y la mejora de la transparencia en las transacciones financieras son pasos fundamentales para garantizar que el progreso beneficie a todos los colombianos.
  6. Implementar el Acuerdo de Paz para impulsar el desarrollo rural: El Acuerdo de Paz de 2017 abrió la puerta para el crecimiento en zonas afectadas por el conflicto, especialmente en las regiones rurales. Al mejorar la infraestructura y garantizar la paz, estas áreas pueden participar en el comercio y beneficiarse del fuerte turismo de Colombia. Sin embargo, el ritmo de aplicación ha sido lento y se necesitan más recursos para aprovechar plenamente los beneficios de la paz.

Cerrar las brechas de prosperidad entre las regiones de Colombia es esencial no solo para fomentar la equidad, sino también para impulsar la productividad del país. Al mejorar la infraestructura, reducir las barreras a las empresas y empoderar a los gobiernos locales, Colombia puede construir un futuro mejor en el que todos los ciudadanos, sin importar dónde vivan, puedan compartir el crecimiento del país.

Referencia

OECD (2024), Estudios Económicos de la OCDE: Colombia 2024, OECD Publishing, Paris, https://www.oecd.org/es/publications/estudios-economicos-de-la-ocde-colombia-2024_e61e16ad-es.html.




Desbloqueando el potencial de Colombia: La importancia de impulsar la inversión

Cover photo for the Economic Survey of Colombia 2024

Por Paula Garda y Michael Koelle, Departamento de Economía de la OCDE

La inversión es el motor que impulsa la prosperidad económica. Es clave para aumentar la productividad, fomentar la innovación y generar empleos formales, todo lo cual es vital para mejorar los niveles de vida. En Colombia, la tasa de inversión ha venido cayendo desde el fin del auge de las materias primas, pasando del 23 % en 2015 al 18 % en 2023, situándose entre las más bajas de los países de la OCDE (Gráfica, panel A), según el Estudio Económico de Colombia 2024. Esta baja tasa de inversión frena el crecimiento potencial de Colombia, que se estima por debajo del 3 %, y es preocupante, ya que el país enfrenta necesidades urgentes en infraestructura, educación, innovación, construcción de paz, desarrollo social y transición hacia una economía verde.

La debilidad en la inversión también está ralentizando el crecimiento actual del PIB de Colombia (Gráfica, panel B). Tras recuperarse rápidamente de la pandemia, el crecimiento impulsado por el consumo se desaceleró drásticamente en 2023 debido a políticas macroeconómicas restrictivas, la desaceleración del crecimiento global y el aumento de los costos de endeudamiento. Aunque la actividad económica, incluida la inversión, comenzó a recuperarse en 2024, la tasa de inversión sigue siendo baja. Entre los factores que explican esta debilidad están los altos costos crediticios, la baja confianza empresarial y la incertidumbre.

Gráfica. La débil inversión está frenando el crecimiento

Fuente: Cálculos OCDE en base a Perspectivas Económicas de la OCDE.

La agenda de reformas del gobierno es ambiciosa, orientada a mejorar los niveles de vida y promover la justicia social a través de la diversificación económica, la transición energética y la convergencia regional. Pero todo esto requiere mayor inversión. Mejorar la infraestructura, la innovación, la educación, los servicios públicos y las oportunidades de empleo formal no solo ayudará a reducir las desigualdades, especialmente en regiones remotas y marginadas, sino que también impulsará el crecimiento a largo plazo. Los recursos naturales y la biodiversidad de Colombia ofrecen oportunidades únicas para atraer inversiones verdes. Dado el limitado espacio fiscal de Colombia, atraer inversión privada es crucial para aumentar la inversión.

Para revertir la tendencia a la baja en la inversión y lograr un crecimiento más fuerte, resiliente e inclusivo, el Estudio Económico de Colombia 2024 de la OCDE sugiere varias acciones de políticas:

  1. Mantener un marco macroeconómico sólido: Esto incluye continuar con la consolidación fiscal y cumplir con la regla fiscal para garantizar la sostenibilidad de la deuda pública y fomentar un entorno favorable a los negocios. Las autoridades monetarias también deben mantener un ciclo de relajación de la política monetaria prudente y basado en datos, atentas a los riesgos inflacionarios, para llevar la inflación a la meta, lo que reducirá gradualmente los costos de endeudamiento.
  2. Implementar una reforma tributaria integral: La alta carga tributaria de las empresas y la incertidumbre generada por reformas tributarias fragmentadas han desincentivado la inversión privada. Colombia necesita una reforma tributaria integral, implementada gradualmente, que genere espacio fiscal para inversiones sociales y productivas. Reducir la tasa del impuesto corporativo mientras se amplía la base del impuesto sobre la renta personal, reducir gastos tributarios innecesarios y combatir la evasión aumentaría la recaudación tributaria y mejoraría el entorno empresarial. Aumentar la eficiencia del gasto también es clave.
  3. Reducir las barreras a la inversión privada: La afluencia récord de Inversión Extranjera Directa (IED) de 17.000 millones de USD en 2023 es una señal positiva, pero es necesario hacer más para mantener este impulso, capitalizar las tendencias de nearshoring y fomentar la inversión doméstica. El gobierno debe acelerar la implementación de asociaciones público-privadas, especialmente en proyectos de infraestructura, facilitar el acceso a crédito asequible, particularmente para las pymes, y fomentar un entorno de políticas más estable y predecible. Ampliar la cobertura de los regímenes simplificados de impuestos e insolvencia y de las ventanillas únicas para más micro y pequeñas empresas reduciría significativamente los costos de cumplimiento normativo. Además, aumentar la inversión en ciencia, tecnología e innovación es importante para diversificar la economía y atraer inversiones de mayor valor agregado.
  4. Fortalecer las capacidades fiscales y administrativas de los gobiernos subnacionales y mejorar la coordinación intergubernamental para garantizar la ejecución exitosa de proyectos de inversión pública y la convergencia regional.
  5. Reducir la informalidad: La alta informalidad empresarial y laboral conlleva bajas tasas de ahorro nacional y una asignación ineficiente del capital, que han sido barreras importantes para la inversión en Colombia. El gobierno debe implementar una agenda de reformas que reduzca la informalidad, incluyendo la reducción a los costos de creación de empresas formales, mejorando las competencias laborales y reduciendo las contribuciones a la seguridad social para los trabajadores de menores ingresos. Esto mejorará la cobertura de protección social, aumentará la recaudación tributaria y fomentará el crecimiento inclusivo.

Impulsar la inversión no es solo una prioridad a corto plazo para Colombia, sino un elemento fundamental para lograr un crecimiento económico sostenible y un desarrollo social, desbloqueando el potencial del país y sentando las bases para un futuro más próspero y equitativo.

Referencias:

OCDE (2024), OCDE Estudios Económicos: Colombia 2024, OECD Publishing, Paris.




América Latina: aprovechando oportunidades en un entorno internacional cambiante

Por Jens Arnold, Aida Caldera, Priscilla Fialho, Paula Garda, Alberto González Pandiella, Michael Koelle, Alessandro Maravalle, Tomas Opazo, Claudia Ramírez, Adolfo Rodriguez-Vargas y Elena Vidal, Departamento de Economía, OCDE.

El panorama global ha comenzado a mejorar, aunque el crecimiento sigue siendo modesto según las Perspectivas Económicas de la OCDE (OECD, 2024). Por su parte, en América Latina, el crecimiento económico presenta heterogeneidad. En la mayoría de las economías el crecimiento ha perdido dinamismo debido a condiciones financieras restrictivas, una demanda externa débil y a eventos climáticos extremos. La inflación sigue disminuyendo en el conjunto de la región, aunque en Colombia, y en Argentina, sigue en un nivel elevado, lo que ha permitido que todos los bancos centrales hayan comenzado a disminuir sus tasas de política monetaria.

Las proyecciones macroeconómicas de la OCDE para América Latina señalan un crecimiento modesto para los próximos dos años (Cuadro 1). En 2024, se proyecta que la actividad avance a un ritmo ligeramente menor que en 2023, como resultado de una demanda externa aún débil. Si bien es cierto que se prevé un crecimiento en la región por debajo de la media de la OCDE, con una fuerte contracción en Argentina, algunos países muestran mejores resultados. En Chile y Perú la recuperación de los salarios reales, impulsaran el consumo y junto a la relajación paulatina de la política monetaria, permitirán que el crecimiento del PIB mejore en 2024. En 2025, las perspectivas para la región tienen un tono más positivo, asociado a un mayor crecimiento de la demanda externa, y una menor inflación, ya dentro de los rangos meta de los bancos centrales.

Los riesgos económicos siguen sesgados a la baja en la región. Las tensiones geopolíticas globales y la volatilidad en los mercados financieros globales podrían tener un impacto negativo sobre la región. Por otro lado, una mayor persistencia de la inflación a nivel mundial y en la región, que frenara la bajada de tipos de interés podría mermar también las perspectivas de crecimiento. Los riesgos asociados a los elevados niveles de deuda pública y déficits estructurales, y una alta carga de intereses de la deuda pública, también persisten. Eventos climáticos extremos también pueden impactar las producciones agrícolas de la región y alterar los precios de las materias primas.

Sin embargo, a pesar de estos riesgos y dificultades, el escenario global ofrece un futuro lleno de oportunidades para América Latina. Si los países de la región logran aprovechar sus ventajas frente al resto del mundo, un crecimiento duradero y sostenible es posible.

Cuadro 1. Perspectivas económicas de los países de América Latina

Nota: América Latina 7 es la media ponderada por PIB a paridad de poderes de compra de los 7 países en la tabla para el PIB. América Latina 6 es la media simple de los países incluidos en el cuadro para la inflación excluyendo a Argentina.
Fuente: OCDE Perspectivas Económicas No. 115, mayo de 2024.

Aprovechar las oportunidades

La transición energética se ha acelerado en la mayoría de los países incrementando la demanda de energías renovables. En este contexto, América Latina puede desempeñar un papel determinante en el nuevo sistema energético global. La región está muy bien posicionada para mitigar el cambio climático y ayudar en la transición hacia energías más limpias, gracias a su alto potencial para la generación de energías renovables, y gran riqueza de minerales esenciales para la transición energética (Grafico 1). De hecho, la energía hidroeléctrica ya genera el 60% de la electricidad de la región, el doble de la media mundial (IEA,2023). Por ejemplo, Costa Rica ya ofrece una matriz eléctrica 100% verde y el potencial aún no utilizado de otros países para avanzar en la misma dirección es enorme. Brasil, Chile y Colombia podrían ser exportadores clave de hidrógeno verde en los próximos años. América Latina atesora cerca del 50% de las reservas mundiales de litio, un metal esencial para la fabricación de baterías de vehículos eléctricos. Chile y Perú desempeñan un papel clave en el suministro de otros minerales críticos para la transición energética como el cobre.

Las tensiones geopolíticas están provocando cambios relevantes en las cadenas globales de suministros. Algunas empresas han decidido trasladar partes de sus actividades productivas a países más cercanos geográficamente de los consumidores finales (“nearshoring”). Costa Rica y México son los países que más se han beneficiado de momento, pero otros países en la región podrían también beneficiarse.

Para aprovechar las oportunidades y desbloquear el potencial de América Latina para un crecimiento sostenible que además traiga desarrollo social, se requieren inversiones significativas, tanto públicas como privadas. Para ello se requieren medidas de política pública en tres áreas prioritarias:

Habilidades e innovación: Es necesario mejorar la educación técnica y superior, junto con programas de capacitación, para fomentar la innovación, la absorción de tecnologías y conocimientos técnicos para facilitar la producción de alto valor agregado en las cadenas de valor, así como energías renovables e hidrógeno verde.
Infraestructura: Mejorar la infraestructura es clave para desarrollar el potencial de las energías renovables y el nearshoring, incluyendo carreteras, puertos, aeropuertos, redes eléctricas y de telecomunicaciones.
Seguridad jurídica: Garantizar la seguridad jurídica, un marco regulatorio estable y transparente, y fortalecer las instituciones y la gobernanza es clave para catalizar la inversión y atraer inversión extranjera directa.

Gráfico 1. América Latina tiene amplias reservas de minerales

Fuente: United States Geological Survey (USGS).

Referencias:

IEA (2023). Latin America Energy Outlook

OECD Economic Outlook, May 2024 – Reporte completo en inglés con las proyecciones macroeconómicas, los principales desafíos estructurales e información detallada por país.

Perspectivas económicas de la OCDE para países de América Latina, Mayo 2024.

Información detallada por país: Argentina | Brasil | Chile | Colombia | Costa Rica | México | Perú




Creando espacio fiscal y fomentando el crecimiento en América Latina

Jens Arnold, Aida Caldera, Paula Garda, Alberto González Pandiella, Michael Koelle, Alessandro Maravalle, Claudia Ramirez Bulos, Adolfo Rodriguez-Vargas and Elena Vidal, Departamento de Economía, OCDE

El crecimiento económico en América Latina está desacelerándose a medida que las políticas monetarias más restrictivas para combatir la inflación surten efecto y las condiciones externas se tornan menos favorables, de acuerdo con las Perspectivas Económicas de la OCDE recientemente lanzadas. El crecimiento del PIB en 2023 presenta divergencias significativas entre las principales economías. El crecimiento se ha mantenido sólido en Brasil y México, que ha mostrado ser resiliente a la inflación y a tasas de interés elevadas impulsado respectivamente por una cosecha abundante y la fortaleza del consumo privado. Sin embargo, el crecimiento ha sido débil en Argentina, Chile, Colombia y Perú debido a eventos climáticos extremos, a una elevada incertidumbre política y la debilidad de la economía mundial. La inflación sigue en descenso en todos los países, salvo en Argentina, gracias a las rápidas subidas de tipos de interés. La caída de la inflación ha sido más rápida que en otras regiones. De hecho, Brasil, Chile, Costa Rica y Perú ya han comenzado a disminuir sus tasas de política monetaria. En México y Colombia, con inflaciones contenidas, pero aún elevadas, se espera que comiencen a reducir tasas en 2024.

Para 2024 y 2025 persistirá el bajo dinamismo económico en la región, situándose por debajo del crecimiento global (Cuadro 1) y de otras economías emergentes (3.9% y 4.1%). La inflación seguirá cediendo y se proyecta que alcance los objetivos establecidos por los bancos centrales en 2024, antes que la mayoría de los países de la OCDE. Sin embargo, las economías de la región se enfrentan a numerosos riesgos externos e internos. Entre los factores más relevantes se destacan una demanda externa y comercio debilitado y en particular la desaceleración de China, que afecta de manera importante a las economías exportadoras de materias primas como Argentina, Chile, Brasil, Colombia y Perú y la incertidumbre en los mercados financieros internacionales debido a tensiones geopolíticas y la evolución de las políticas monetarias en países avanzados. La inflación podría permanecer en niveles elevados por un tiempo mayor al anticipado. Además, un aumento en la frecuencia e intensidad de eventos climáticos extremos, como la llegada del Niño, podría afectar más de lo previsto a algunas economías particularmente expuestas a ellos.

Cuadro 1. Perspectivas económicas de los pases de América Latina

Nota: América Latina (ALC) es la media ponderada por PIB a paridad de poderes de compra de los 7 países en la tabla para el PIB; y la media simple de los países incluidos en el cuadro para la inflación.
Fuente: OCDE Perspectivas Económicas, noviembre 2023.

En este contexto macroeconómico incierto y volátil, resulta clave asegurar la estabilidad macroeconómica y un crecimiento fuerte.

Momento de enfrentar el desafío fiscal  

Por el lado de la política monetaria, con la inflación decelerando, la discusión se centra en el ritmo de las futuras reducciones de tasas de interés. El objetivo debe ser que las tasas de inflación vuelvan a sus metas de manera duradera, transitando hacia una posición de la política monetaria más neutral. Esto requerirá diferentes ritmos y tiempos en la reducción de tasas, según las particularidades de cada país. El ritmo de normalización deberá considerar cuidadosamente múltiples riesgos, como el impacto de El Niño y los precios del petróleo más altos, y la política monetaria en las economías avanzadas.

Por su parte, las autoridades fiscales se enfrentan al reto de seguir disminuyendo la deuda pública, que aumentó significativamente después de la pandemia, en un entorno en el que los tipos de interés a largo plazo han aumentado (Gráfico 1). La mayoría de los países ha retirado exitosamente los estímulos fiscales de la pandemia y ha empezado a reducir los déficits, pero enfrentan desafíos significativos dados los altos niveles de deuda, el poco espacio fiscal y el bajo potencial de crecimiento. La consolidación fiscal es un paso necesario para restablecer el margen de maniobra fiscal y evitar los riesgos asociados con elevados niveles de deuda, como pagos de intereses más altos que pueden desplazar los gastos públicos esenciales, especialmente en un contexto internacional de tasas de interés más altas durante más tiempo.

En la mayoría de los casos, los gobiernos de América Latina tienen planes de consolidación fiscal ambiciosos que llevarían a estabilizar la deuda, pero cómo alcanzar estos objetivos es clave. Esto requiere en un primer momento y como prioridad, reforzar los marcos fiscales de mediano plazo para dar una clara y creíble orientación futura sobre cómo se alcanzarán los objetivos fiscales y se reducirá la deuda, basados en proyecciones macroeconómicas y fiscales realistas, al tiempo que se protege la inversión pública, que a menudo es una víctima de la consolidación fiscal en la región. Elementos esenciales son incluir anclas de mediano plazo, como niveles prudentes de deuda, y cláusulas de escape bien definidas con mecanismos de corrección en las reglas fiscales. Se deben fortalecer también los consejos fiscales, dotándolos de independencia legal y de facto, recursos y acceso adecuado a la información, ya que pueden contribuir de forma importante al análisis de la sostenibilidad de las finanzas públicas. Además, superar obstáculos políticos para implementar reformas fiscales que aumenten la eficiencia del gasto, que es baja, y los ingresos tributarios, también bajos en la mayoría de los países de la región, son retos importantes.

El potencial de crecimiento en la región es bajo, lo que limita también el espacio fiscal. Esto hace crucial acelerar las reformas estructurales necesarias desde hace mucho tiempo, y fomentar el consenso necesario para llevarlas a cabo. Impulsar reformas que dinamicen el comercio, que establezcan marcos regulatorios estables para la inversión privada en conectividad, energías renovables y minerales sostenibles, y redoblar esfuerzos para mejorar la calidad de la educación es clave para potenciar la productividad y la inversión. Estas reformas facilitarán la adaptación al cambio climático y la transformación digital, y, al impulsar el crecimiento potencial, contribuirían de manera decisiva a la sostenibilidad fiscal de la región.

Gráfico 1. El incremento en la deuda pública y los pagos de intereses restringen el espacio fiscal

Nota: Panel A: Otras economías de mercados emergentes (EMEs) es el promedio no ponderado de China, Filipinas, India, Indonesia, Malasia, Tailandia, Turquía, y Suráfrica. Panel B: Los datos para Chile se refieren al año 2021 en lugar de 2022.
Fuente: FMI, Base de datos sobre inversores soberanos; Base de datos de Perspectivas Económicas de la OCDE; y FMI, Monitor fiscal, octubre 2023.

Más información:

OECD Economic Outlook, Noviembre 2023– Reporte completo en inglés con las proyecciones macroeconómicas, los principales desafíos estructurales e información detallada por país.

Perspectivas económicas de la OCDE para países de América Latina, Noviembre 2023.

Información detallada por país: Argentina | Brasil | Chile | Colombia | Costa Rica | México | Perú




Chile: ¿Cómo hacer el crecimiento más inclusivo?

Por Jens Matthias Arnold y Paula Garda, Departamento de Economía de la OCDE

La economía de Chile ha sido un ejemplo para América Latina durante mucho tiempo. Como destaca el nuevo Estudio Económico de Chile, las sólidas instituciones han proporcionado estabilidad macroeconómica y niveles de vida crecientes. Los ingresos per cápita se han más que duplicado desde el decenio de 1990 y se encuentran entre los más altos de la región. Pero a pesar de este notable progreso, surgieron grietas en la superficie. En octubre de 2019, el malestar social generalizado paralizó el país y reveló un descontento profundamente arraigado con las desigualdades de oportunidades y de las condiciones económicas.

Después de los disturbios sociales, la pandemia de Covid-19 tuvo un alto costo en vidas y medios de subsistencia, y condujo a la contracción más aguda de los ingresos económicos en 40 años. En 2021, la economía se recuperó rápidamente gracias a un apoyo de las políticas económicas excepcionalmente fuerte que, terminó por sobrecalentarla significativamente, con la demanda interna empujando la inflación muy por encima del objetivo. La agresión rusa contra Ucrania y la escasez de suministros mundial en 2022 exacerbaron las presiones inflacionarias con la inflación superando el 14% y con el aumento de los precios de los alimentos y la energía golpeando con fuerza a muchas familias. La política fiscal está consolidando acertadamente este año, incluyendo una fuerte reducción del gasto público. La política monetaria ha reaccionado rápida y oportunamente, y el sesgo deberá mantenerse en niveles restrictivos por algún tiempo para asegurar la inflación vuelva al objetivo y lograr anclar nuevamente las expectativas de inflación al objetivo.

Frente a estos choques extraordinarios, las instituciones de Chile han sido resilientes y han ayudado a evitar peores resultados. El malestar social de 2019 finalmente dio lugar a un proceso ordenado y democrático en el cual se busca reescribir la constitución del país. En un referéndum nacional, la mayoría de los chilenos votaron a favor de dar este paso. En setiembre 2022, un primer borrador de la constitución fue rechazado en un segundo referéndum nacional, pero un nuevo proceso para redactar un nuevo borrador ya está en discusión.

En los próximos años Chile tiene que abordar importantes desafíos subyacentes al crecimiento y las desigualdades. Un proceso de larga data de convergencia del ingreso a las economías avanzadas se ha invertido desde 2014 (Gráfico 1). La productividad se ha estancado o incluso disminuido, y aumentarla se ha convertido en una prioridad clave. La inversión en nuevas tecnologías ha sido débil, y partes importantes de la economía podrían beneficiarse de fuerzas competitivas más fuertes, con regulaciones complejas que frenan la entrada e inversión de nuevas empresas.

Gráfico 1. La convergencia de los ingresos se ha invertido  

Fuente: OCDE, Base de datos sobre productividad; Banco Mundial, WDI.

Además de impulsar los motores del crecimiento de los ingresos, urgentes necesidades sociales requieren de una creciente atención a cómo se distribuyen los ingresos y las oportunidades. Es necesario mejorar la calidad de la educación y los servicios de salud públicos para reducir la brecha con respecto a las instituciones privadas. La pandemia también ha puesto de relieve importantes brechas en la protección social, en particular para los hogares más vulnerables. Garantizar cierta cobertura básica de protección social para los trabajadores formales e informales por igual, al tiempo que se reduce el costo del empleo formal, es un desafío clave. Sólo abordando simultáneamente los cambios requeridos en la protección social y la informalidad, Chile podrá romper el círculo vicioso en el que los trabajadores informales no tienen acceso a la mayoría de los beneficios de protección social, mientras que las cargas laborales que financian estos beneficios aumentan los costos de creación de empleos formales.

Pocas personas tienen pensiones de vejez adecuadas, debido a las brechas de las contribuciones debido al empleo informal y a las bajas tasas de contribución. Las tasas de reemplazo de pensiones ya eran bajas antes de la pandemia, pero los ahorros de pensiones de muchas personas están ahora agotados después de tres rondas de retiros extraordinarios de los fondos de pensiones durante la crisis. Una pensión básica universal (PGU) recientemente establecida es un hito clave ya que mejorará significativamente las pensiones por jubilación, particularmente para muchas personas de bajos ingresos. Pero las futuras reformas del sistema pensional deberían prestar especial atención a los incentivos de formalización, al tiempo que se busca aumentar las tasas de reemplazo de las pensiones. Los programas de transferencias monetarias a los hogares vulnerables están muy fragmentados, y la unificación de estos programas en un único plan permitiría aumentar la cobertura y las prestaciones.

La educación es clave para reducir las desigualdades y aumentar la productividad al mismo tiempo. Los resultados del aprendizaje siguen estando muy por debajo del promedio de la OCDE y los cierres de escuelas relacionados con la pandemia han exacerbado estos desafíos de larga data, ya que menos estudiantes de entornos vulnerables utilizaron herramientas digitales para permanecer conectados. Ampliar el acceso a una educación de calidad en la primera infancia cerraría las brechas tempranas y a menudo decisivas en el progreso cognitivo y social y permitiría que más mujeres participen del mercado laboral. Las condiciones de trabajo de los docentes no alcanzan los estándares promedio de la OCDE, con salarios más bajos y jornadas laborales más largas.

El pequeño tamaño del sector público de Chile limita su capacidad para proporcionar mejores servicios públicos y oportunidades para todos, y para reducir las desigualdades. Los ingresos tributarios, de sólo el 21% del PIB, son insuficientes para satisfacer las crecientes demandas sociales, preservando al mismo tiempo la inversión pública necesaria en infraestructura, educación y salud (Gráfica 2). Los impuestos sobre la renta, que solo paga el 20% de los chilenos, son una explicación detrás de esta baja recaudación de impuestos. Aumentar los ingresos públicos en varios puntos porcentuales del PIB, como lo planean actualmente las autoridades, es ambicioso pero claramente al alcance a través de una reforma tributaria integral.

Gráfico 2. Los ingresos tributarios son bajos

Nota: LAC es un promedio simple de Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, México, Perú.
Fuente: OCDE, Base de datos mundial sobre ingresos tributarios.

A medida que Chile se embarca en este camino de reformas, se están tomando muchas decisiones que probablemente darán forma al futuro de su sociedad y economía en los próximos años. Estas reformas son una excelente oportunidad no solo para aumentar los futuros ingresos de los chilenos, sino también para hacer que el crecimiento sea más inclusivo y brindar mejores oportunidades para todos los chilenos, como se analiza en el Estudio Económico de la OCDE para Chile de 2022

Para más información:

OECD (2022), OECD Economic Surveys: Chile 2022, OECD Publishing, Paris, https://doi.org/10.1787/311ec37e-en




Un entorno internacional desafiante: ¿Qué oportunidades y desafíos para América Latina?

Por Jens Arnold, Aida Caldera, Priscilla Fialho, Paula Garda, Alberto González Pandiella and Alessandro Maravalle, Departamento de Economía, OCDE

Tras un fuerte repunte en 2021, la recuperación económica de América Latina se ralentizará. La propagación de Omicron, los prolongados cuellos de botella en las cadenas de suministro mundiales, la inflación más alta y generalizada, el endurecimiento de las condiciones financieras en la región y en el extranjero, junto con una demanda mundial más débil, contribuyeron a debilitar la demanda interna en los primeros meses del año. La recuperación parcial de los mercados de trabajo, con salarios, empleo y niveles de participación que se mantienen por debajo de los niveles pre-pandemia en muchos países, no ha sido suficiente para compensar la retirada de las medidas extraordinarias de apoyo en algunas economías latinoamericanas y el aumento de los precios.

La invasión de Ucrania está desacelerando la economía mundial y contribuyendo a agravar las presiones inflacionarias, aumentando la incertidumbre para la región. Ahora se prevé que el crecimiento del PIB mundial se ralentice bruscamente hasta el 3% en 2022 (desde un 4.5% que se preveía en diciembre 2021) y 2.75% en 2023. Las cuarentanas en China, junto con la guerra, está prolongando las interrupciones en las cadenas de valor y el comercio mundiales. Los precios de las materias primas han subido considerablemente, lo que ha aumentado la inflación en todas partes. Las proyecciones para la inflación se encuentran ahora en torno al 9%, el doble de lo que pronosticábamos en diciembre del año pasado. La inflación subyacente se moderará un poco, pero se mantendrá por encima de los objetivos en la mayoría de las principales economías a finales de 2023, a pesar de la normalización de la política monetaria.

En comparación con el resto del mundo y las economías avanzadas de la OCDE, el crecimiento de América Latina corre el riesgo de quedarse atrás en los próximos años (Cuadro 1), comprometiendo la convergencia hacia niveles de vida más altos. En relación a nuestras proyecciones de diciembre de 2021, para las seis principales economías de América Latina, el crecimiento del PIB se ha revisado a la baja en 0,7 puntos porcentuales en 2022 y 0,6 puntos porcentuales en 2023, mientras que, excluyendo Argentina, la inflación se ha revisado significativamente al alza en 3,5 puntos porcentuales en 2022 y 2 puntos porcentuales en 2023. No obstante, existen algunas diferencias entre países. En Argentina y Colombia, el crecimiento del primer trimestre de 2022 resultó más fuerte de lo previsto, lo que llevó a una revisión al alza de las proyecciones.

Cuadro 1. Perspectivas económicas de los países de América Latina

Nota: América Latina (ALC) es la media ponderada por PIB a paridad de poderes de compra de los 6 países en la tabla para el PIB; y la media simple de los países incluidos en el cuadro para la inflación.
Fuente:  OCDE Perspectivas Económicas No. 111, junio de 2022. 

Se han exacerbado desafíos ya existentes y han surgido otros nuevos

Las economías latinoamericanas salieron de la crisis de COVID-19 con una mayor deuda pública como porcentaje del PIB y un espacio fiscal muy limitado. A medida que la inflación alcanza niveles altos en todo el mundo y los bancos centrales endurecen la política monetaria, sobre todo en Estados Unidos, esto supone una amenaza no despreciable para la estabilidad financiera de la región. El aumento de los costes de financiación a nivel mundial y nacional dificultará a los países latinoamericanos la refinanciación de la deuda, el cumplimiento de las obligaciones de la deuda externa y la financiación de las tan necesarias inversiones en infraestructuras y otras reformas pro-crecimiento, aunque la proporción de la deuda en moneda extranjera en las nuevas emisiones haya disminuido considerablemente. Los cambios bruscos en la orientación de la política monetaria de las economías avanzadas también podrían dar lugar a importantes salidas de capital y a la depreciación de la moneda, exacerbando las presiones inflacionistas internas. Una desaceleración significativa del crecimiento en China también podría repercutir en el comercio y el crecimiento de la región.

Los hogares de bajos ingresos, que todavía están luchando por el impacto económico de la pandemia, se están viendo muy afectados por el aumento de los precios de los alimentos y la energía. En una región con niveles históricamente altos de desigualdad, y donde muchos todavía están luchando por recuperarse de la pandemia, esto está añadiendo presión a los gobiernos para que refuercen el apoyo social y aumenten el gasto público para reducir el riesgo de malestar social. La mayoría de los países han respondido al aumento de la inflación intentando influir directamente en los precios: reducción de los aranceles a la importación de productos agrícolas y otros bienes básicos (Brasil, Colombia, México), medidas de reducción de impuestos (Argentina, Brasil, México, Perú), aumento de las subvenciones a la energía (Argentina, Chile, Perú) o medidas para aumentar la producción de granos básicos (México). La reducción de los aranceles de importación es bienvenida y podría incluso hacerse permanente. Los gobiernos deberían tratar de ampliar temporalmente los programas de transferencias monetarias específicas para apoyar a los hogares más vulnerables, como ha hecho Chile.

Algunas señales de esperanza

En el caso de los exportadores netos de materias primas, como Brasil y Colombia, el aumento de los precios del petróleo, los minerales y la agricultura ha mejorado los resultados fiscales, aliviando temporalmente las presiones fiscales. La relación de intercambio también ha mejorado para estos países, apoyando a los sectores exportadores, lo que ha impulsado las entradas de capital. Sin embargo, para los importadores netos de materias primas, como Costa Rica, la relación de intercambio se ha deteriorado, perjudicando las perspectivas de crecimiento a corto plazo. La guerra en Ucrania también ha llevado a los inversores a reequilibrar sus carteras a expensas de Rusia y de los países de Europa Central altamente expuestos a Rusia, en beneficio de algunas economías latinoamericanas, como Brasil. Estas entradas de capital han servido de apoyo a la moneda local y han contenido la inflación importada hasta ahora, aunque no se puede descartar una posible reversión a medida que las economías avanzadas endurezcan su política monetaria.

La guerra en Ucrania también está afectando a la dinámica del comercio mundial, sobre todo cuando las exportaciones rusas tenían una cuota de mercado considerable. En el caso de algunos productos, como los cereales y los minerales, algunos países latinoamericanos están bien situados para mitigar el choque de la oferta, como Argentina, Brasil o Colombia. Esto podría ser una oportunidad para mejorar los resultados de las exportaciones y establecer vínculos comerciales duraderos con nuevos socios comerciales. Al mismo tiempo, los últimos acontecimientos han aumentado el apetito por la deslocalización, lo que podría jugar a favor de la región dada su proximidad al mercado norteamericano. El comercio podría convertirse en un importante pilar para la recuperación económica de la región y sus futuras perspectivas de crecimiento.

Conseguir el equilibrio de políticas adecuado

Los gobiernos latinoamericanos deberían responder a este entorno especialmente desafiante y aprovechar las oportunidades existentes. El apoyo fiscal para compensar a los hogares vulnerables por el aumento de los precios de la energía y los alimentos debería ser temporal y específico, para evitar poner en peligro los esfuerzos de consolidación fiscal. Rompiendo con el pasado, esta vez los ingresos adicionales de las materias primas deberían utilizarse con prudencia, por ejemplo para reducir la deuda pública, ya que las perspectivas de crecimiento son inciertas y también lo es la evolución futura de los precios de las materias primas. Los bancos centrales deben seguir vigilando la situación y estar dispuestos a seguir subiendo las tasas de interés oficiales para evitar un desanclaje de las expectativas de inflación. Por último, los gobiernos deben abordar los obstáculos que desde hace tiempo se oponen a la integración comercial, como las deficiencias de las infraestructuras, las barreras arancelarias y no arancelarias que aún existen o la falta de mano de obra cualificada. Esto será clave para un crecimiento económico y de las exportaciones amplio e inclusivo. Debe prestarse mayor atención a las políticas medioambientales para garantizar una reducción progresiva de las emisiones de carbono.

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