América Latina se enfrenta a una recesión como ninguna otra

by Jens Arnold, Paula Garda, Alberto Gonzalez-Pandiella, Robert Grundke, Nicolas Ruiz, Enes Sunel, Departamento de Economía, OCDE

La propagación del Covid-19 ha sacudido la vida de las personas en todo el mundo de manera extraordinaria, amenazando la salud, interrumpiendo la actividad económica, afectando el bienestar y los empleos. El confinamiento y otras medidas de distanciamiento social para retrasar la propagación de COVID-19 han llevado grandes partes de las economías a una detención. Los pronósticos de pérdidas de producto y empleo se han disparado a medida que los gobiernos se enfrentan a una crisis que no tiene precedentes. Reflejando el inusual grado de incertidumbre, en estas Perspectivas Económicas de la OCDE se presentan dos escenarios: un escenario en el que se produce un segundo brote hacia finales de este año, y un escenario alternativo en el que se evita el segundo brote. En el escenario con segundo brote, se prevé que el PIB mundial disminuya en un -7.6% en 2020 con un débil crecimiento de 2.7% en 2021; en el escenario en que el segundo brote es evitado, el crecimiento será del -6% en 2020 y del 5.2% en 2021. En muchas economías avanzadas, los ingresos reales per cápita podrían perder el equivalente a de cinco a ocho años de crecimiento.

La rápida expansión del Covid-19 ha empujado a América Latina a convertirse recientemente en el epicentro de la pandemia, a la vez que entra en la recesión más profunda de la historia reciente. Como ninguna otra recesión, ésta se ve agravada por shocks simultáneos de salud, económicos, de precios de las materias primas y sociales, al unísono en toda la región. La región se enfrenta a desafíos propios que agravan el panorama: un espacio fiscal limitado, sistemas de salud y seguridad social menos desarrollados, grandes salidas de capital, una caída en picada de las remesas, una gran proporción de trabajadores informales sin ningún tipo de protección social y un gran descontento social. Adicionalmente, la economía global y el turismo se encuentran en cuidados intensivos, y su recuperación será muy lenta, excluyéndolos de ser un salvavidas, como ha sucedido en otras recesiones.

Una recesión sin precedentes: se prevé que el crecimiento de las seis economías más grandes de la región, que abarcan alrededor del 85% del PIB de América Latina, se reduzca 8.8% (Cuadro) en caso de que se produzca un segundo brote del virus durante 2020.  En caso de que se evite este segundo brote, se espera que la actividad económica disminuya en un 7.3%. En ambos casos, la recuperación en el 2021 será lenta y gradual, y el PIB en 2021 seguirá por debajo de los niveles pre-pandémicos (Figura, panel A). Los niveles de desempleo alcanzarán niveles históricos. En caso de que se produzca un segundo brote los niveles de desempleo permanecerían altos durante más tiempo (Figura, panel B).

Los gobiernos y las autoridades monetarias de la región reaccionaron con notable rapidez a la crisis con políticas audaces e innovadoras. Y su intervención seguirá siendo necesaria.Los países de la región deberían seguir prestando apoyo a los sistemas de salud, reforzando programas de testeo, rastreo, localización y aislamiento para evitar futuros brotes. También deberían continuar dando apoyo a los tantos trabajadores informales y las empresas más vulnerables.

La recesión puede dejar múltiples cicatrices, profundizando las ya altas desigualdades en la región. Muchos de los sectores de servicios más afectados por la pandemia son relativamente intensivos en empleo, con una gran proporción de trabajadores informales y de bajos ingresos y en ocupaciones en las que el teletrabajo no es una opción. Los cierres forzosos, la reapertura a niveles de capacidad más bajos y los cambios en las preferencias de los consumidores pueden hacer que muchas empresas dejen de ser viables, que las pérdidas de puestos de trabajo duren más tiempo y que muchas empresas se enfrenten a un mayor riesgo de impago. Es posible que muchos empleos formales no vuelvan a aparecer rápidamente, y que muchos trabajadores no tengan otra oportunidad que la de convertirse en informales, con cicatrices duraderas en los salarios y la productividad. Otro riesgo latente es la aparición de problemas masivos de liquidez y solvencia entre las empresas, que podrían dar lugar a un deterioro de la cartera de crédito, afectando así a la oferta de crédito y dando lugar a vulnerabilidades financieras, retrasando la recuperación, especialmente en los países con una deuda corporativa ya elevada.

El alto endeudamiento público es una de las principales vulnerabilidades en la región. Muchos países ya tienen un espacio fiscal acotado, con déficits fiscales y deuda pública elevados. Esta situación se agravará por el mayor gasto destinado a la pandemia, la caída de los ingresos debido a la recesión y, en algunos países, a la drástica reducción de los precios de las materias primas.  Es probable que muchos países tengan que enfrentar condiciones financieras más difíciles en el futuro, sobre todo si la creciente preferencia de los mercados financieros por activos más seguros se consolida. Las líneas de financiación específicas puestas en marcha por organismos multilaterales están ayudando actualmente en varios países a afrontar los mayores gastos asociados a la pandemia, y serán también fundamentales durante la recuperación, en particular para aquellos países con más dificultades para obtener financiación en los mercados de capital.

La crisis refuerza la necesidad de gastar mejor. Medidas para aumentar la eficiencia del gasto, incluida la reducción de las numerosas exenciones fiscales y los regímenes tributarios especiales, permitirían encontrar cierto espacio fiscal. Orientar las transferencias hacia los trabajadores vulnerables desempleados e informales limitaría los efectos adversos en los hogares y la demanda agregada. Paquetes fiscales temporales bien focalizados, junto con anuncios creíbles de medidas para colocar la deuda en una trayectoria sostenible a largo plazo, ayudarán a las economías a evitar el deterioro de las condiciones financieras, especialmente cuando los mercados se vuelvan más exigentes. Las medidas post-pandemia para preservar la sustentabilidad fiscal deberán llevarse a cabo cuidadosamente y con un timing correcto para que sean coherentes con los objetivos de crecimiento e inclusión.

Perspectivas económicas en países individuales de la región:

Argentina: Cuando la pandemia de COVID-19 azotó Argentina, la economía ya se encontraba en recesión y la incertidumbre era elevada, sobre todo en lo que respecta a la reestructuración de la deuda pública elevada. Si bien la adopción de medidas oportunas de contención mitigó la propagación del virus, también redujo la capacidad de producción y la demanda interna. Con el levantamiento gradual del confinamiento, la demanda interna se recuperará, pero seguirá siendo débil debido al aumento del desempleo y a la disminución de los ingresos en los hogares. Las perspectivas para un repunte significativo de la inversión dependerán de que se acometa con éxito una reestructuración de la deuda pública. Se prevé una caída del PIB del 10% en 2020 en el escenario con un segundo brote del virus a finales de este año. Si se evita un segundo brote, se eludirá una nueva caída de la actividad económica y será posible una recuperación más rápida. En este escenario, se prevé una caída del PIB del orden de 8% en 2020.

Brasil: La economía se estaba recuperando de una larga recesión cuando se produjo el brote de COVID-19, y ahora se prevé que el país padezca una recesión mucho más profunda que en 2015/16. Los gobiernos estaduales y municipales impusieron medidas de confinamiento, con un cumplimiento considerable de la población a pesar de las dificultades derivadas de la precariedad de las viviendas, la pobreza y el elevado nivel de empleo informal. Estas medidas provocaron que se detuviera la actividad hasta un 20% y ocasionarán una fuerte contracción del producto en 2020. Se prevé que el PIB caiga en un 9,1% en 2020 en el escenario que supone un segundo brote de la pandemia en el último trimestre de 2020. En el escenario de un solo brote de la pandemia, la caída sería del 7,4%. A medida que se suavizan las medidas de confinamiento y se reanuda la actividad, se estima que la economía se recupere lenta y parcialmente, si bien algunos empleos y empresas no sobrevivirán. El desempleo alcanzará máximos históricos antes de retroceder gradualmente.

Chile: Tras las protestas sociales de finales de 2019, que afectaron al crecimiento, el brote de COVID-19 y la caída de los precios de las materias primas empujarán a la economía a la recesión más profunda desde 1982. Si se produce un segundo brote más adelante durante el año, el PIB disminuirá un 7% y no comenzará a repuntar hasta 2021. En caso de que la pandemia actual remita, comenzará una recuperación impulsada por el consumo durante el tercer trimestre, si bien el PIB disminuirá un 5,6% en 2020. El comercio seguirá en niveles muy bajos por la lenta recuperación mundial.

Colombia: La economía está entrando en una profunda recesión, la peor en un siglo, impulsada por las medidas de confinamiento necesarias para limitar la propagación del COVID-19, la contracción económica mundial, la caída de los precios del petróleo y el endurecimiento de las condiciones financieras. En caso de que produjera un segundo brote de COVID-19 a finales de 2020, el PIB disminuiría un 7,9% en 2020 y la recuperación gradual se retrasaría hasta 2021. Si la pandemia quedara controlada tras el brote actual, se espera que el PIB disminuya un 6,1% en 2020. La recuperación será moderada, liderada por mejoras en la confianza de los consumidores y una recuperación gradual de la inversión, tras la reducción de la carga impositiva sobre las empresas introducida en la reforma fiscal de 2019. La debilidad del entorno exterior mantendrá el comercio en niveles muy bajos y aumentará la vulnerabilidad de los precios de las materias primas, ya de por sí bajos.

Costa Rica: En caso de que se produzca un nuevo brote de coronavirus en otoño este año, se prevé que la actividad económica se contraiga en cerca de 5% en 2020, antes de repuntar en torno a un 1½% en 2021. La prolongada recuperación dependerá del retraso en la normalización del turismo, dado que los sectores afectados podrían estar prácticamente paralizados hasta el último trimestre de 2020. Si la pandemia remitiera pronto, el PIB se contraería alrededor del 4% en 2020 y se expandiría en torno al 2¾% en 2021, gracias a una mejor recuperación de la demanda doméstica y de las exportaciones. La inflación general disminuirá inicialmente más que la inflación subyacente por la debilidad de los precios de la energía. El aumento del desempleo debilitará al consumo privado. 

México: La pandemia empujará a la economía a una grave recesión en 2020, impulsada por la contracción mundial, la caída del turismo, el descenso de los precios del petróleo y las necesarias medidas de confinamiento adoptadas. La economía caería un 8,6% este año según el escenario de doble impacto. Si remitiera el virus tras el primer brote, la economía se contraería más de un 7%, y en la segunda mitad del año veríamos una recuperación motivada por las exportaciones y el consumo. En ambos escenarios, el nivel del PIB seguiría siendo inferior al de finales de 2019, ya que los sectores del turismo y las exportaciones tardarán algún tiempo en volver a los niveles anteriores a la pandemia. La población más desfavorecida y vulnerable, incluidos los trabajadores del sector informal, se verán especialmente afectados por la recesión.

Para leer en más detalle sobre las proyecciones macroeconómicas, así como los principales desafíos estructurales ir al reporte en la o la versión español y portugués o versión inglés (que incluye proyecciones para todos los países de la OECD y principales desafíos).

Más info en http://oecd.org/perspectivas-economicas/




Después del confinamiento, caminando sobre la cuerda floja hacia la recuperación

by Laurence Boone, Economista Jefe de la OCDE

La propagación de Covid-19 ha sacudido la vida de las personas en el mundo entero de una manera extraordinaria, amenazando la salud, interrumpiendo la actividad económica y perjudicando el bienestar y el empleo. Desde nuestra última actualización de las Perspectivas Económicas a principios de marzo, el coronavirus se ha convertido en una pandemia global, avanzando demasiado rápido para la capacidad de reacción de muchos sistemas de salud, que muchas veces no lograron hacer frente de manera efectiva. Para frenar la propagación del virus y ganar tiempo para fortalecer los sistemas de salud, los gobiernos tuvieron que cerrar grandes partes de la actividad económica. Al momento de escribir esto, la pandemia ha comenzado a retroceder en muchos países y la actividad ha comenzado a repuntar. El impacto sanitario, social y económico del brote podría haber sido considerablemente peor sin la dedicación del personal médico y de otros trabajadores esenciales que continuaron sirviendo al público, poniendo en riesgo su propia salud al hacerlo.

Los gobiernos y los bancos centrales han implementado políticas de amplio alcance para proteger a las personas y las empresas de las consecuencias de la interrupción repentina de la actividad. La actividad económica se ha derrumbado en todos los países de la OCDE durante el confinamiento, hasta en un 20% a 30% en algunos países. Esto es un shock extraordinario. Las fronteras se han cerrado y el comercio se ha desplomado. Simultáneamente, los gobiernos implementaron medidas de apoyo rápidas, importantes e innovadoras para amortiguar el impacto, subsidiando a trabajadores y empresas. Las redes de seguridad social y financiera se fortalecieron a una velocidad inédita. A medida que aumentaban las tensiones financieras, los bancos centrales tomaron medidas fuertes y oportunas, desplegando una serie de políticas convencionales y no convencionales más allá de las utilizadas en la crisis financiera global, evitando que la crisis de salud y económica se convirtiera además en una crisis financiera.

Mientras no haya una vacuna o tratamiento disponible de manera generalizada, los responsables de formular políticas en todo el mundo seguirán caminando por la cuerda floja. El distanciamiento físico y la estrategia de testear, localizar, seguir y aislar (TTTI por sus siglas en inglés) serán los principales instrumentos para combatir la propagación del virus. TTTI es indispensable para que las actividades económicas y sociales puedan reanudarse. Pero aquellos sectores afectados por el cierre de fronteras y aquellos que requieren un contacto personal cercano, como el turismo, los viajes, el entretenimiento, los restaurantes y el alojamiento, no se reanudarán como antes. TTTI puede incluso no ser suficiente para prevenir un segundo brote del virus.

Ante esta incertidumbre extraordinaria, esta edición de las Perspectivas Económicas presenta dos escenarios posibles: uno en el que el virus continúa retrocediendo y permanece bajo control, y otro en el que un segundo brote aparece más adelante en 2020. Estos escenarios no son para nada exhaustivos, pero ayudan a enmarcar el campo de posibilidades y definir las políticas para caminar por esos terrenos inexplorados. Ambos escenarios son sombríos, ya que la actividad económica no vuelve ni puede volver a la normalidad en estas circunstancias. A finales del 2021, la pérdida de ingresos supera la de cualquier recesión anterior en los últimos 100 años fuera de tiempos de guerra, con consecuencias nefastas y duraderas para las personas, las empresas y los gobiernos.

La pandemia ha acelerado el giro desde la “gran integración” a la “gran fragmentación”. Han surgido restricciones comerciales y de inversión adicionales. Muchas fronteras están cerradas y probablemente lo seguirán estando, al menos en parte, mientras continúen considerables brotes de virus. Las economías toman caminos diferentes, dependiendo de cuándo y en qué medida fueron afectadas por el virus, la preparación de su sistema de salud, su especialización sectorial y su capacidad fiscal para enfrentar el impacto. Las economías de los mercados emergentes también se han visto sacudidas por la crisis. Los precios de las materias primas se han desplomado. Importantes salidas de capital, la caída de las remesas, la vulnerabilidad de los sistemas de salud y la extensa informalidad laboral han amenazado su capacidad de recuperación sanitaria, económica y social. En todas partes, el confinamiento también ha exacerbado la desigualdad entre los trabajadores, ya que aquellos que pueden teletrabajar son en general altamente calificados, mientras que los menos calificados y los jóvenes están más expuestos, a menudo incapaces de trabajar o son despedidos. Esta situación se ve agravada por desigualdades en la cobertura de la protección social. Algunos países tienen los niveles de deuda privada incómodamente altos, y los riesgos de quiebras e insolvencias son importantes.

Se requerirán políticas extraordinarias para caminar por la cuerda floja hacia la recuperación. Incluso si el crecimiento aumenta en algunos sectores, la actividad en general permanecerá débil por un tiempo. Los gobiernos pueden proporcionar redes de protección que permitan a las personas y las empresas adaptarse, pero no pueden sostener la actividad, el empleo y los salarios del sector privado durante un período prolongado. Al menos parte del capital y los trabajadores de sectores y empresas con pocas perspectivas de recuperación tendrán que trasladarse hacia otros sectores que se expanden. Este tipo de transiciones son difíciles y rara vez suceden lo suficientemente rápido como para evitar que aumente el número de empresas en quiebra y un período sostenido de desempleo. Los gobiernos necesitarán adaptar el apoyo y acompañar la transición, permitiendo procesos de reestructuración rápidos para las empresas, sin estigma para los empresarios, proporcionando ingresos para los trabajadores entre empleos, capacitación para los que fueron despedidos o se encuentran en transición hacia nuevos empleos, y protección social para los más vulnerables. Anteriormente, hemos reclamado un aumento de la inversión pública en tecnologías digitales y verdes para promover el crecimiento sostenible a largo plazo y elevar la demanda a corto plazo. Esto es aún más urgente hoy, ya que las economías se han visto muy afectadas.

Las políticas de recuperación de hoy darán forma a las perspectivas económicas y sociales en la próxima década. Las políticas monetarias ultra acomodaticias y una mayor deuda pública son necesarias y serán aceptadas mientras la actividad económica y la inflación estén deprimidas, y el desempleo esté alto. Sin embargo, el gasto financiado con deuda debe estar bien focalizado para apoyar a los más vulnerables y la inversión necesaria para una transición hacia una economía más sólida. El apoyo público debe ser transparente y justo. El apoyo a las empresas debe seguir reglas transparentes, y hacer que los accionistas y bonistas privados asumen pérdidas cuando los gobiernos intervengan, para evitar recompensas de riesgo privadas excesivas. El apoyo público continuo para los trabajadores y las empresas debe ser acompañado por mejoras en las relaciones entre empleadores y empleados, allanando el camino para una cohesión social más fuerte y, en última instancia, una recuperación más robusta y sostenible.

La recuperación no ganará fuerza sin más confianza, y la confianza no se recuperará completamente sin cooperación global. Es necesario aumentar la confianza tanto a nivel nacional como internacional. Las tasas de ahorro de los hogares se han disparado en la mayoría de los países de la OCDE, y la incertidumbre elevada y el aumento del desempleo frenan el consumo. Las interrupciones del comercio y las resultantes amenazas para las cadenas de suministro también impiden la reducción necesaria de la incertidumbre para que se reanude la inversión. La clave para reducir las dudas y desbloquear el impulso económico reside en una cooperación mundial para combatir el virus con un tratamiento y una vacuna, en el marco de una reanudación más amplia del diálogo multilateral. La comunidad internacional debe garantizar que, cuando una vacuna o tratamiento esté disponible, se pueda distribuir rápidamente en el mundo entero. De lo contrario, la amenaza se mantendrá. Del mismo modo, reanudar un diálogo constructivo sobre el comercio elevaría la confianza empresarial y el apetito por la inversión.

Los gobiernos deben aprovechar esta oportunidad para diseñar una economía más justa y más sostenible, haciendo que la competencia y la regulación sean más inteligentes, modernizando los impuestos, el gasto público y la protección social. La prosperidad proviene del diálogo y la cooperación. Esto es cierto a nivel nacional y global.




América Latina: bajo crecimiento y rodeado de incertidumbre

Jens Arnold, Alberto Gonzalez-Pandiella, Nicolas Ruiz, Robert Grundke, Enes Sunel y Paula Garda, Departamento de Economía, Directorado de estudios de países, OCDE

Las economías de América Latina enfrentan el desafío de no solo fortalecer su crecimiento económico, sino también mejorar su desempeño en términos de distribución de la riqueza y lucha contra la pobreza. Lamentablemente, estos esfuerzos deben realizarse ante un trasfondo económico de ralentización global y caída del comercio internacional. Como lo señala el Economic Outlook el crecimiento del PIB mundial será del 2,9% este año y se mantendrá cerca de 3% para 2020-21. Éste sería el crecimiento mundial más débil desde la crisis financiera global.

Las perspectivas a corto plazo de los países varían en función de la importancia del comercio para cada economía. Se espera que el crecimiento del PIB en Estados Unidos disminuya hasta el 2% en 2021, mientras que en Japón y en la zona del euro se espera que se sitúe en torno al 0,7% y al 1,2%, respectivamente. El crecimiento de China seguirá reduciéndose, hasta situarse en torno al 5,5% en 2021. Se espera que otras economías emergentes se recuperen sólo modestamente, en medio de desequilibrios en varios países. En general, las tasas de crecimiento están por debajo del potencial. Y la mayor preocupación es que este deterioro de las perspectivas sea persistente, reflejando cambios estructurales que no se han resuelto relacionados a la digitalización, el cambio climático y un cambio en el orden multilateral del comercio y la geopolítica.

En América Latina, las previsiones se corrigieron a la baja significativamente en todos los países, salvo Colombia, desde nuestra última publicación en mayo pasado. Las correcciones se deben tanto a una desaceleración cada vez más profunda de la economía mundial, debido a las mayores tensiones comerciales, así como a factores de índole local que suman incertidumbre. Se espera que el crecimiento en las seis principales economías de la región, que cubren alrededor del 85% del PIB de América Latina, sea muy débil este año, y repunte gradualmente en los próximos años (Tabla).

Este modesto repunte del crecimiento previsto para los próximos años no será suficiente para incrementar los niveles de vida y reducir los elevados y persistentes niveles de desigualdades que presenta la región (Gráfico). Mayores esfuerzos políticos serán necesarios para ayudar a los segmentos vulnerables y responder a demandas sociales legítimas.

Desgraciadamente, el espacio fiscal para apoyar al crecimiento económico es acotado. Pero no puede ser una excusa para no implementar políticas que favorezcan un crecimiento más inclusivo. En cada país, será importante alcanzar un equilibrio entre las necesidades de gasto social e inversión pública y la necesidad de garantizar la sostenibilidad de las cuentas públicas. Chile, dado su bajo nivel de deuda pública, tiene espacio para responder a las demandas sociales que se han llevado a protestas recientemente. En Colombia y México, la reducción del déficit puede ser gradual. En Argentina y Brasil evitar un mayor deterioro de la situación fiscal tendrá prioridad, mientras que en Costa Rica es necesario actuar decididamente. Se han dado recientemente pasos favorables, como la reforma fiscal en Costa Rica y la reforma de pensiones en Brasil.
Pero hay aún mucha tarea por hacer para asegurar que el Estado tenga la capacidad de seguir protegiendo a los más vulnerables el día de mañana. Incluso en los países con perspectivas fiscales más complejas, existe bastante margen para incrementar la eficiencia del gasto público, mejorando su composición y focalizándolo hacia aquellas partidas que sean más favorables a la equidad y el crecimiento. Es una cuestión de gastar mejor, no sólo de gastar más.

En cuanto a la política monetaria, los países desarrollados con sus políticas monetarias más expansivas, han concedido margen de maniobra a los bancos centrales de la región para continuar apoyando el crecimiento. La inflación permanece cerca de los objetivos de los bancos centrales y con expectativas ancladas, con la excepción de Argentina.

Los sistemas tributarios y de transferencias de la región ofrecen mucho margen para favorecer más decididamente el crecimiento y la equidad. Las prioridades varían en cada país, pero incluyen ampliar las bases imponibles reduciendo exenciones, dado que éstas tienden a favorecer a los individuos más afluentes o empresas específicas. También serían convenientes mayores avances en la lucha contra la evasión fiscal y hacer un mayor uso de impuestos a la propiedad. Focalizar mejor el gasto social es también primordial en todos los países de la región.

Una clara prioridad debería ser reducir las altas tasas de informalidad, que castigan la productividad y reducen los recursos públicos, al mismo tiempo que fomentan las desigualdades. En la región, muy frecuentemente la informalidad es consecuencia de los altos costos de la contratación de trabajadores formales, salariales y no salariales, en relación con la productividad laboral del trabajador, dado los bajos resultados educativos. La informalidad también afecta las empresas, muchas veces relacionado con los altos costos de cumplir con las regulaciones y permisos. Integrar un mayor número de trabajadores en el sector formal también pasa por políticas activas del mercado de trabajo y por sistemas de educación y capacitación con mayor relevancia y calidad para preparar a los trabajadores. En muchos casos, la baja calidad de los servicios públicos reduce la moral fiscal e induce a la evasión fiscal. No hay una solución única para reducir la informalidad. Es imperativo que se lleve a cabo una estrategia comprehensiva con reformas bien integradas que se complementen entre sí y aborden desde las diferentes áreas de política la informalidad; ya sea políticas laborales, educativas, de capacitación, impositivas y de regulación.

Perspectivas económicas en países individuales de la región:

Argentina: La economía se encuentra en recesión en un contexto caracterizado por desequilibrios internos y externos. La incertidumbre sobre las futuras prioridades en materia de política económica ha generado salidas de capitales y una fuerte depreciación de la moneda. Los consiguientes problemas de liquidez han provocado una reestructuración de la deuda a corto plazo y la restitución de los controles cambiarios. Los recientes episodios de volatilidad han lastrado el crecimiento y aumentado el desempleo.

Brasil: La economía se está recuperando paulatinamente. Se aprobó una reforma previsional y la mejora de las perspectivas respecto a las reformas estructurales está elevando la confianza y reactivando la inversión, a lo que han contribuido también unas condiciones financieras más favorables. La baja inflación y la posibilidad de retirar fondos de las cuentas individuales del seguro por desempleo propiciarán un aumento del consumo. Suponiendo que el programa de reformas siga su curso, se prevé que el crecimiento cobre impulso en 2020. El elevado nivel de desempleo tan solo se ha moderado, y muchos de los puestos de trabajo se encuentran en el sector informal.

Chile: Se prevé un repunte gradual del crecimiento en los próximos años, aunque menor al previsto anteriormente, debido a los recientes eventos sociales y al contexto externo. Las favorables condiciones de financiamiento y la reforma tributaria dinamizarán la inversión. El consumo privado se verá respaldado por las subidas salariales y las bajas tasas de interés. El mayor crecimiento y la continua afluencia de inmigrantes favorecerán el empleo. El déficit por cuenta corriente se mantendrá estable. Las altas desigualdades siguen siendo un desafío político clave.

Colombia: Para los próximos dos años se prevé un crecimiento robusto, pese a las dificultades externas. La inversión será un motor clave de crecimiento, respaldada por la reforma tributaria y por ambiciosos proyectos de infraestructuras. Las bajas tasas de interés favorecerán el consumo, mientras que el desempleo comenzará a descender. La desigualdad y la informalidad siguen siendo los principales desafíos.

Costa Rica: Según las proyecciones, la expansión económica se situará en torno al 2¼% en 2020 y 2021, respaldada por una mejora gradual de la demanda interna, el turismo y las exportaciones de servicios empresariales. El descenso de la inflación reforzará el consumo de manera paulatina. La inversión ha sido escasa, pero irá en aumento gracias al descenso de las tasas de interés. La informalidad y la desigualdad siguen siendo elevadas, lo que lastra la productividad.

México: El crecimiento repuntará gradualmente, ya que las elevadas remesas, las subidas del salario mínimo y el descenso de la inflación impulsarán el consumo. La inversión ha sido escasa, pero se irá incrementando poco a poco con el descenso de las tasas de interés. Las exportaciones perderán impulso a causa de unas condiciones internacionales menos favorables, en especial en Estados Unidos. La informalidad sigue estando muy extendida y hay grandes desigualdades entre las regiones. Para leer en más detalle sobre las proyecciones macroeconómicas, así como los principales desafíos estructurales ir al reporte en la o la versión español y portugués o versión inglés (que incluye proyecciones para todos los países de la OECD y principales desafíos).

Para leer en más detalle sobre las proyecciones macroeconómicas, así como los principales desafíos estructurales ir al reporte en la o la versión español y portugués o versión inglés (que incluye proyecciones para todos los países de la OECD y principales desafíos).




Fortalecer las instituciones para mejorar la prosperidad de los mexicanos

Por Sonia Araujo y Lisa Meehan, sección para México, Departamiento de Economía de la OCDE

¿Por
qué algunos países son más ricos que otros? Es cada vez más reconocida la importancia
de las instituciones fuertes y eficaces para el éxito económico de las naciones
(ver, por ejemplo, Acemoglu y Robinson, 2012). Las instituciones proporcionan
un marco que da forma a los incentivos económicos, lo que influye en las
decisiones en una multitud de áreas, tales como educarse, iniciar un negocio,
invertir, etc. El éxito de las reformas políticas en todas las áreas depende,
por lo tanto, de la capacidad de las instituciones para crear los incentivos
adecuados. Las instituciones de calidad también crean certidumbre y un campo de
juego nivelado en el que las personas pueden construir, brindando así más
equidad y mayor acceso a las oportunidades. En general, las instituciones de
calidad son de importancia fundamental para los resultados económicos.

Por lo tanto, es preocupante que numerosos indicadores sugieran que la calidad institucional es baja y está disminuyendo en México (Figura 1). Por ejemplo, sintomático de instituciones débiles, la corrupción percibida es la más alta en la OCDE y no ha mejorado con el tiempo. También son preocupantes los niveles ya altos de crimen y violencia y que han todavía aumentado. México tiene la tasa de homicidios más alta en la OCDE, y el número de asesinatos ha aumentado considerablemente en la última década (OCDE, 2019; Figura 2). La impunidad también es alta, con más del 90% de los delitos no denunciados y solo una pequeña fracción de los casos denunciados llegan al sistema judicial (Le Clercq y Rodríguez Sánchez Lara, 2016).

La
corrupción es un serio obstáculo para la prosperidad de todos los mexicanos y
su abordaje ocupa un lugar destacado en la agenda del nuevo gobierno. La
corrupción es una fuga de los recursos fiscales, socava la capacidad de prestar
servicios públicos y también tiene un efecto adverso en la estabilidad
política, el entorno empresarial, la inversión privada y el crecimiento
inclusivo. El Estudio Económico de México 2019 de la OCDE destaca que mejorar
la calidad institucional tendría los mayores beneficios en términos de
crecimiento económico entre todas las reformas estructurales y también
facilitaría la implementación efectiva de todas las demás reformas de
políticas. Para combatir la corrupción y mejorar la transparencia, en 2016 se
promulgó el ambicioso Sistema Nacional Anticorrupción (SNA) de México (OCDE,
2019). Además de establecer un sistema federal anticorrupción, requiere que los
estados creen sistemas locales anticorrupción. Sin embargo, la implementación
está retrasada. Por ejemplo, se suponía que los sistemas locales anticorrupción
debían estar implementados a mediados de 2017, y aunque se han logrado
importantes avances, no todos los estados han completado este proceso. La
administración actual se compromete a acelerar la implementación del (SNA) y ha
tomado medidas inmediatas. Por ejemplo, ahora se están llenando puestos clave,
en particular, el primer Fiscal Especial Anticorrupción fue nombrado
recientemente.

Las
experiencias de otros países resaltan que es un gran desafío abordar con éxito
la corrupción de una maniera sistemática e integral. Hacia adelante, será
importante monitorear y evaluar los resultados de SNA, y abordar las
debilidades identificadas, especialmente a nivel regional, para evitar
exacerbar las disparidades geográficas ya marcadas, y tomar medidas adicionales
si es necesario.

México
también ha emprendido otras reformas en los últimos años para llevar la calidad
de las instituciones y la supervisión económica hacia las mejores prácticas
internacionales. Esto incluyó la creación de nuevos reguladores sectoriales
independientes que se crearon como parte de las reformas energéticas de 2013 y
dos nuevas autoridades de competencia autónomas y tribunales de competencia
especializados establecidos en 2014. Asegurar la independencia y los recursos
adecuados de estas entidades autónomas serán cruciales para el fortalecimiento
continuo de la competencia en México.

Referencias:

Acemoglu, D. and J.A.
Robinson. (2012). Why nations fail: The origins of power, prosperity,
and poverty
. New York: Crown Publishers.

Le Clercq, J. and G. Rodríguez Sánchez Lara (2016), Global
Impunity Index Mexico IGI-MEX 2016, Center of Studies on Impunity and Justice
(CESIJ), http://www.udlap.mx/cesij.

OECD (2019), OECD Economic Surveys: Mexico 2019, OECD Publishing, Paris. https://doi.org/10.1787/a536d00e-en




América Latina: las perspectivas económicas repuntan levemente pero se requieren reformas para impulsar la productividad y disminuir desigualdades

Alvaro S. Pereira (Director) y mesas de países latinoamericanos, Departamento de Economía, Directorado de estudios de países, OCDE

Hace un año, la OCDE advirtió sobre el riesgo
que las incertidumbres comerciales y políticas dañen de manera significativa la
economía mundial y contribuyan aún más a la creciente división entre la gente.
Un año después, el impulso adquirido a nivel mundial se ha debilitado
notablemente. Se prevé que el crecimiento se mantendrá a un nivel inferior a
medida que persistan las tensiones comerciales. El comercio y la inversión se
han ralentizado considerablemente, especialmente en Europa y Asia. La confianza
empresarial y de los consumidores se ha debilitado, con la contracción de la
producción manufacturera. En respuesta, las condiciones financieras se han
relajado a medida que los Bancos Centrales han ido adoptando posturas
monetarias más expansivas, mientras que la política fiscal ha venido
proporcionando estímulo en ciertos países. Al mismo tiempo, el bajo nivel de
desempleo y el ligero aumento de los salarios en las principales economías
siguen fomentando los ingresos y el consumo de los hogares. Sin embargo, en
general, las tensiones comerciales están cobrando un precio y se prevé que el
crecimiento mundial se reduzca a sólo el 3,2% este año antes de acercarse al
3,4% en 2020, muy por debajo de las tasas de crecimiento observadas en las
últimas tres décadas, o incluso en 2017-2018.

En América Latina persisten diferencias significativas entre las
principales economías de la región. Las diferencias se deben tanto al diferente
impacto que tiene la desaceleración del crecimiento global como a factores de
índole local. Las economías con marcos fiscales y monetarios más robustos
continúan mostrándose más sólidas y resilientes, tanto frente a la
desaceleración global como respecto a episodios de volatilidad financiera. Mientras
que en Chile y Colombia el crecimiento se ha afianzado, México y Costa Rica han
crecido menos de lo esperado. De igual modo, Brasil ha mostrado menor ímpetu
mientras que Argentina se encuentra en recesión. Así, se espera que el
crecimiento en las seis principales economías de la región, que cubren
alrededor del 85% del PIB de América Latina, repunte leventemente este año y se
sitúe en torno al 1.4%, y alcance el 2.4 % en 2020 (promedio ponderado) (Tabla). 

Tabla. Perspectivas Económicas de la OCDE para algunos países de América Latina

Fuente: Perspectivas Económicas 105 de la OCDE.

Los indicadores de vulnerabilidad (como los déficits fiscales y de cuenta
corriente) se han acentuado en la mayoría de estas economías, indicando que la
región permanece vulnerable al contexto global. Es por ello que resulta vital
continuar reforzando los marcos de políticas macroeconómicas. Casi todas las
principales economías de la región están realizando esfuerzos de consolidación
fiscal. En este sentido, es importante alcanzar un equilibrio entre las
necesidades de gasto social e inversión pública y la necesidad de garantizar la
sostenibilidad de la deuda pública. En Chile, Colombia y México hay espacio
para que la reducción del déficit sea gradual, mientras que en Argentina,
Brasil y Costa Rica es necesario actuar más decididamente. Se han dado
recientemente pasos favorables en esta área, como la reciente reforma tributaria
aprobada en Costa Rica o el fortalecimiento del consejo fiscal independiente en
Chile. Pero hay aun mucha tarea por hacer, incluyendo reformas pensionales y
tributarias en varios países. Hay también margen para incrementar la eficiencia
del gasto público, mejorando su composición y focalizandolo hacia aquellas
partidas que ayuden a reducir las desigualdades y a promover la productividad.

En cuanto a la política monetaria, cambios recientes en la Reserva Federal
y el Banco Central Europeo, que mantendrán políticas monetarias expansivas por
más tiempo, han concedido más margen de maniobra a los bancos centrales de la
región. En general la inflación permanece cerca de los objetivos de los bancos
centrales, con la excepción de Argentina, donde la fuerte inercia inflacionaria
continua.

Las tasas de crecimiento que la región ha mostrado recientemente no han
sido suficientemente robustas para avanzar en el proceso de convergencia y
recortar la brecha con los estándares de vida de las economías desarrolladas
(Figura). El modesto repunte del crecimiento que se espera para 2019 y 2020 no
será suficientemente vigoroso para retomar la senda de convergencia. A eso se
añade que las tendencias demográficas implican que el llamado bono demográfico,
que ha venido sustentando el crecimiento de la región, está llegando a su fin.
Por ello, reformas que impulsen la productividad son fundamentales e
ineludibles para que la región alcance estándares de vida más elevados. Este es
un reto que comparten todos los países, y los esfuerzos para aumentar la
productividad deberían ayudar también a reducir los altos niveles de desigualdad
que aún presenta la región.

Figura. El crecimiento no está siendo suficientemente vigoroso para cerrar significativamente la brecha con las economías avanzadas.

Nota: PIB per cápita relativo al promedio de la OCDE en términos de dólares estadounidenses (USD) ajustados a la paridad del poder adquisitivo.

Fuente: Base de datos de Productividad de la OCDE.

En muchos de los países de la región existe mucho margen para promover un
mayor grado de competencia en los mercados de bienes y servicios, lo que
ayudaría a fortalecer la productividad y también redundaría en menores precios,
lo que potenciaría el poder de compra de las familias, en particular de
aquellas de renta más baja. Para ello sería necesario reducir la carga
regulatoria, simplificando los trámites y los sistemas de licencias. Asimismo,
favorecer una mayor integración con la economía mundial también incrementaría
la competencia en las economías locales y, además, ayudaría a diversificar las
canastas exportadoras y a reducir los déficits de cuenta corriente. Los
sistemas tributarios de la región ofrecen también mucho margen para favorecer más
decididamente la inversión y la productividad. Las prioridades varían en cada
país, e incluyen ampliar las bases imponibles reduciendo exenciones, dado que estas
tienden a favorecer a los individuos más afluentes. Hay en general margen pare
reducir exenciones tributarias tanto en los impuestos corporativos como en el IVA
o en los impuestos personales. También sería importante reducir la evasión
fiscal y hacer un mayor uso de impuestos a la propiedad o ambientales. Invertir
en capital humano, poniendo la calidad de los resultados educativos como
objetivo fundamental, es también un reto ineludible para la región. Cerrar las
brechas en infraestructura y logística y apostar decididamente por la digitalización
y la innovación deberían ser también prioridades. Para fomentar la
productividad y reducir desigualdades es también vital reducir la informalidad
y continuar facilitando la participación laboral de la mujer.  

Argentina: La economía irá recuperándose
paulatinamente de las turbulencias en el mercado financiero experimentadas en
2018. Una fuerte depreciación de la moneda ha acentuado aún más la elevada
inflación, lo que ha mermado los ingresos reales y la confianza de los
inversores. Las políticas macroeconómicas contractivas y la incertidumbre
política previa a las elecciones de octubre de 2019 pesarán en la recuperación de
la demanda interna. Sin embargo, la economía irá saliendo poco a poco de la
recesión gracias a las exportaciones, a las que ha favorecido una buena cosecha
y un tipo de cambio real más competitivo. Al mismo tiempo, el lento crecimiento
del comercio internacional limitará considerablemente la expansión de las
exportaciones. Según las proyecciones, el desempleo no retrocederá antes de
2020.

Brasil: La recuperación se ha ralentizado pese a
las favorables condiciones financieras, pero se espera que el crecimiento
repunte hasta el 2 ¼ % en 2020. Aunque se ha presentado ante el Congreso una
ambiciosa propuesta de reforma del sistema de pensiones para garantizar la
sostenibilidad fiscal, aún hay incertidumbre acerca de su implementación. A
medida que dicha incertidumbre se disipe, se prevé un aumento de la demanda
interna y un descenso del desempleo. Habida cuenta de la amplia capacidad
ociosa, se espera que la inflación se mantenga por debajo de la meta.

Chile: El crecimiento económico seguirá siendo
sólido, superior al 3%, en 2019-2020. La inversión se verá respaldada por las
favorables condiciones de financiamiento, los elevados precios del cobre, la
reforma tributaria y laboral previstas y el clima empresarial positivo. Bajas
tasas de interés reales y un fuerte crecimiento de los salarios contribuirán a
la solidez del consumo privado. La consolidación del crecimiento económico
comenzará a traducirse en un mayor aumento del empleo. Las desigualdades siguen
siendo altas, debido a una movilidad intergeneracional persistentemente baja.

Colombia: El crecimiento económico seguirá siendo
sólido, superior al 3%, en 2019-2020. La inversión se verá respaldada por las
favorables condiciones de financiamiento, los elevados precios del cobre, la
reforma tributaria y laboral previstas y el clima empresarial positivo. Bajas
tasas de interés reales y un fuerte crecimiento de los salarios contribuirán a
la solidez del consumo privado. La consolidación del crecimiento económico
comenzará a traducirse en un mayor aumento del empleo. Las desigualdades siguen
siendo altas, debido a una movilidad intergeneracional persistentemente baja.

Costa Rica: Se prevé que la actividad económica
repunte, respaldada por la inversión en infraestructuras y el aumento de la
confianza empresarial tras la aprobación de las reformas fiscales. El gasto de
los consumidores seguirá siendo moderado, por causa de incrementos de
impuestos, un menor crecimiento del crédito y un incremento temporal de la
inflación relacionado a la introducción del IVA. No obstante, la mejora de los
términos de intercambio incrementará los ingresos disponibles, y la demanda
externa mantendrá su solidez, gracias al turismo, los productos de alta
tecnología y los servicios a empresas.

México: La actividad económica experimentará un
modesto repunte, respaldada por la demanda interna. El consumo ganará fuerza
gracias a la solidez de las remesas, el descenso de la inflación y el aumento
de las transferencias sociales. Los anunciados planes de inversión en
infraestructuras también contribuirán al crecimiento, aunque las restricciones
del gasto corriente contrarrestarán parcialmente estos efectos. La incertidumbre
política seguirá conteniendo la inversión privada. El descenso de la actividad
petrolera continuará pesando sobre el crecimiento. De manera general el
crecimiento será demasiado moderado como para permitir que se reduzcan las
altas tasas de informalidad.

Para leer en más
detalle sobre las proyecciones macroeconómicas, así como los principales
desafíos estructurales ir al reporte en la versión español/portugués o inglés (que incluye proyecciones para todos los
países de la OECD, principales desafíos y un capítulo especial sobre
digitalización y el tipo de políticas que facilitarían que esta se traduzca en
un crecimiento más fuerte e inclusivo).




Urge una cooperación internacional para enfrentar una frágil economía mundial

par Laurence Boone, OECD Economista en Jefe

Hace un año, la
OCDE advirtió sobre el riesgo que las incertidumbres comerciales y políticas dañen
de manera significativa la economía mundial y contribuyan aún más a la
creciente división entre la gente. Un año después, el impulso adquirido a nivel
mundial se ha debilitado notablemente y se prevé que el crecimiento se
mantendrá a un nivel inferior a medida que persistan las tensiones comerciales.
El comercio y la inversión se han ralentizado considerablemente, especialmente
en Europa y Asia. La confianza empresarial y de los consumidores se ha
debilitado, con la contracción de la producción manufacturera. En respuesta,
las condiciones financieras se han relajado a medida que los Bancos Centrales
han ido adoptando posturas monetarias más expansivas, mientras que la política
fiscal ha venido proporcionando estímulo en ciertos países. Al mismo tiempo, el
bajo nivel de desempleo y el ligero aumento de los salarios en las principales
economías siguen fomentando los ingresos y el consumo de los hogares. Sin
embargo, en general, las tensiones comerciales están cobrando un precio y se
prevé que el crecimiento mundial se reduzca a sólo el 3,2% este año antes de
acercarse al 3,4% en 2020, muy por debajo de las tasas de crecimiento
observadas en las últimas tres décadas, o incluso en 2017-2018.

A pesar que el
crecimiento se mantenía balanceado hace dieciocho meses, han surgido
divergencias entre los sectores y los países en función de su exposición a las
tensiones comerciales, la fuerza de las respuestas fiscales y las
incertidumbres políticas. El sector manufacturero, en el que predominan las
cadenas de valor internacionales, se ha visto muy afectado por los aranceles y
la incertidumbre asociada sobre el futuro de las relaciones comerciales, y es
probable que siga siendo débil. El crecimiento de la inversión empresarial,
también fuertemente vinculada al comercio, se reducirá a un mero 1¾ por ciento
anual durante 2019-20, desde alrededor del 3½ por ciento anual durante 2017-18.
Sin embargo, los servicios, menos sujetos a la agitación comercial y en los que
tiene lugar la mayor parte de la creación de empleo, siguen funcionando bien.
Paralelamente, el crecimiento se ha debilitado en la mayoría de las economías
avanzadas, especialmente en aquellas en las que el comercio internacional y la
industria manufacturera desempeñan un papel importante, como Alemania y Japón,
y se prevé que el crecimiento del PIB sea inferior al 1% en ambos países este
año, mientras que los Estados Unidos han mantenido su impulso gracias a un
apoyo fiscal considerable, aunque cada vez menor. La divergencia también es
visible entre las economías de mercado emergentes, donde Argentina y Turquía
están luchando por recuperarse, mientras que India y otros países se han
beneficiado de condiciones financieras favorables y, en ciertos casos, de un
apoyo fiscal.

Por otro lado,
la economía mundial sigue dependiendo en gran medida de la persistencia del
apoyo de las políticas económicas. Diez años después de la crisis financiera,
con una inflación moderada, los balances de los Bancos Centrales se mantienen en
niveles sin precedentes, las tasas de interés -a corto y largo plazo- están a
niveles históricamente bajos, y la deuda pública, salvo en unos pocos casos, es
mucho mayor. Con algunas excepciones, las economías de mercado emergentes han
acumulado reservas importantes. En resumen, los Bancos Centrales apenas han
relajado la política monetaria expansiva y su apoyo sigue siendo esencial.

En general, a
pesar de una respuesta fiscal y monetaria sin precedentes tras la crisis
financiera mundial, la recuperación no ha sido lo suficientemente vigorosa y
duradera como para traducirse en salarios más altos y mejores niveles de vida.
Desde 2010, el PIB real per cápita, un indicador imperfecto del aumento del
nivel de vida, ha aumentado sólo un 1,3% anual en la mediana de los países de
la OCDE. Aunque la tasa de desempleo se encuentra en su nivel más bajo luego de
casi cuatro décadas, se prevé que los salarios reales crezcan menos del 1,5%
anual en 2019-20, por debajo del ritmo de 2% anual que llevaban los países de
la OCDE en la década anterior a la crisis. Esto significa que, diez años
después de la crisis, los niveles de vida han mejorado con demasiada lentitud
como para reducir significativamente las desigualdades, que se habían ampliado
durante las dos décadas anteriores a la crisis. Por ejemplo, en el caso de la
mediana de los hogares de las grandes economías avanzadas, el ritmo de aumento
del ingreso real disponible ha disminuido desde la crisis, excepto en los
Estados Unidos.

Las perspectivas
siguen siendo débiles y existen muchos riesgos a la baja que proyectan una
oscura sombra sobre la economía mundial y las perspectivas de bienestar de las
personas.

  • En
    primer lugar, las perspectivas de crecimiento moderado están condicionadas a
    que no se produzca una escalada de las tensiones comerciales, que afectan a
    América, Asia y Europa. Las simulaciones del primer capítulo de este Outlook
    muestran que las nuevas tensiones entre Estados Unidos y China podrían reducir
    el PIB mundial en más de un 0,6% durante dos o tres años.
  • En
    segundo lugar, la industria manufacturera y los servicios no funcionan de forma
    aislada. Si bien los servicios se han mantenido robustos, proporcionando un
    colchón, es poco probable que se disocien durante mucho tiempo de la industria
    manufacturera. Más de un tercio de las exportaciones brutas de manufacturas
    proviene de los servicios, y los servicios contribuyen, directa o
    indirectamente, a más de la mitad de las exportaciones mundiales. Además, la producción
    manufacturera depende en gran medida de la inversión, que no sólo es un motor
    de crecimiento y empleo hoy, sino que también determina el crecimiento y los
    niveles de vida del mañana.
  • En
    tercer lugar, los riesgos de China siguen siendo motivo de preocupación, ya que
    el despliegue de instrumentos monetarios, fiscales y cuasi fiscales no sólo
    tiene efectos inciertos sobre la actividad, sino que podría seguir alimentando
    la deuda de las empresas no financieras, que ya se encuentra en un nivel
    récord. Estimamos que una reducción de 2 puntos porcentuales en el crecimiento
    de la demanda interna en China, sostenida durante dos años y combinada con una
    mayor incertidumbre, podría reducir el PIB mundial en un 1¾ por ciento para el
    segundo año.
  • Por
    último, la deuda del sector privado está creciendo rápidamente en las
    principales economías. El stock mundial de bonos corporativos no financieros
    casi se ha duplicado en términos reales en comparación con 2008, situándose en
    cerca de 13 billones de dólares, y la calidad de la deuda se ha deteriorado,
    incluido un mayor stock de préstamos apalancados. Un nuevo ataque de estrés
    financiero podría estallar.

De cara al
futuro, las tensiones comerciales no sólo afectan a las perspectivas a corto
plazo, sino también a las perspectivas a mediano plazo, lo que exige una acción
gubernamental urgente para revitalizar el crecimiento. La economía mundial se
estaba expandiendo de manera sincronizada hace menos de dos años, pero los
desafíos a las relaciones comerciales existentes y al sistema de normas
comerciales multilaterales han hecho descarrilar el crecimiento mundial, al
aumentar la incertidumbre que está deprimiendo la inversión y el comercio. El
proceso de globalización posterior a la Segunda Guerra Mundial, dirigido por
acuerdos multilaterales que permitieron una apertura comercial cada vez mayor,
está siendo cuestionado.

En este
contexto, instamos encarecidamente a los gobiernos a que utilicen todos los
instrumentos de política a su disposición. En primer lugar, sobre la base de un
diagnóstico común respecto al comercio internacional, y teniendo en cuenta la
interdependencia entre economías que poseen cadenas de producción que
cruzan las fronteras, es imperativo reavivar los debates comerciales
multilaterales. Luego, en áreas de demanda débil como en la Zona Euro, en lugar
de seguir dependiendo de la política monetaria, los gobiernos deberían
aprovechar el entorno de bajas tasas de interés para complementar los esfuerzos
estructurales con estímulos fiscales, siempre cuando la deuda pública sea
relativamente baja. Esta combinación puede hacer frente a las deficiencias
actuales, aumentar la capacidad de recuperación e impulsar el crecimiento a
largo plazo de manera sostenible en beneficio de todos. Las prioridades
políticas incluyen la inversión en infraestructura, especialmente digital,
transporte y energía verde, la mejora de las competencias de las personas y, de
manera más general, la aplicación de políticas que favorezcan la igualdad de
oportunidades. Por ejemplo, en la Zona Euro, la combinación de reformas
estructurales que incrementen el crecimiento de la productividad en 0,2 puntos
porcentuales al año durante cinco años y un estímulo fiscal del orden del 0,5%
del PIB durante tres años en los países con menor deuda pública para financiar
la inversión pública no sólo daría lugar a un mayor crecimiento a corto plazo,
sino a un aumento del PIB de alrededor del 1% a largo plazo.

También son
necesarias reformas para que las tecnologías digitales beneficien a todos. En
las Perspectivas Económicas hemos dedicado un capítulo especial que analiza los
cambios derivados de la digitalización y el paquete de políticas necesarias
para que esta se traduzca en un crecimiento más fuerte e inclusivo. Las
tecnologías digitales cambian la forma en que las empresas producen bienes y
servicios, innovan e interactúan con otras empresas, trabajadores, consumidores
y gobiernos. Estas tecnologías ofrecen un vasto potencial para mejorar la
productividad de las empresas y, en última instancia, el nivel de vida de las
personas, pero hasta ahora los avances han sido decepcionantes. La
productividad laboral se ha ralentizado considerablemente en los países de la
OCDE en las últimas décadas y sólo una pequeña parte de “empresas
superestrella” se están beneficiando de la digitalización. El débil crecimiento
de la productividad ha dado lugar a un lento crecimiento salarial y las tareas
rutinarias realizadas por los trabajadores con cualificaciones medias y bajas
están cada vez más automatizadas. Estas tendencias tienen implicaciones de gran
alcance para los niveles de vida y la inclusión.

Los gobiernos y las empresas necesitan implementar una serie de políticas para promover una transformación digital eficiente e inclusiva. Cosechar los beneficios de la digitalización requiere cambios en las prácticas empresariales, la organización del trabajo y la composición de las competencias que implican una amplia reasignación de recursos tanto dentro de las empresas como entre las empresas e industrias. Estos cambios pueden llevar tiempo e implicar costos transitorios de ajuste que pueden ser especialmente duros para los grupos vulnerables. Por lo tanto, se necesita una serie de reformas: educación para mejorar las capacidades cognitivas de las personas, formación para mejorar las capacidades técnicas y de gestión, acceso a mayor financiamiento para la inversión en activos intangibles y en I+D, especialmente a través de financiación de capital, así como adaptar el entorno regulador a los cambios en los modelos de negocio creados por la transformación digital y garantizar una reasignación eficiente de los recursos. Si los gobiernos y las empresas toman medidas para hacer frente a estas carencias, la adopción de tecnologías digitales y los beneficios de la digitalización pueden estar finalmente a la altura de nuestras expectativas. Durante el año pasado, algunos riesgos a la baja para el crecimiento global se han materializado a medida que la incertidumbre del comercio y las políticas ha debilitado la confianza de las empresas y los hogares. El crecimiento se mantendrá insatisfactorio, ya que las tensiones comerciales persisten, al tiempo que contribuyen a la división entre las personas. Los gobiernos pueden y deben actuar juntos para restablecer un crecimiento que sea sostenible y beneficie a todos. 

 




Una estrategia renovada para impulsar el crecimiento y el bienestar en México

por Sonia Araujo y Lisa Meehan, OCDE

La economía
mexicana se ha beneficiado de fuertes fundamentos. Un marco de política
macroeconómica muy sólido ha sustentado un crecimiento moderado, frente a una
serie de choques que la economía ha experimentado en el pasado reciente. La
política monetaria está controlando con éxito la inflación y la política fiscal
prudente ha detenido el aumento de la relación deuda / PIB. El sistema financiero
es sólido y varios fondos de estabilización y las reservas internacionales
actúan como colchones financieros que  protegen la economía contra los riesgos de
cola.

Se bien que
el sólido marco macroeconomico ha traído estabilidad a la economía, esto no ha
sido suficiente para generar un fuerte crecimiento. El crecimiento del PIB ha
sido moderado, particularmente en comparación con otras economías emergentes,
con un promedio de solo 2.2% al año desde 2009. El crecimiento relativamente
modesto que se ha observado refleja principalmente un bono demográfico, a
medida que la población joven de México fue ingresando al mercado laboral. Los
mexicanos trabajan jornadas más largas que todos los demás países en la OCDE.
Pero debido a la baja productividad, el PIB percápita de México sigue siendo el
más bajo en la OCDE, y por lo tanto el país no ha convergido a niveles de vida
más altos (Figura 1). México tiene buenos fundamentos macroeconómicos, ahora es
el momento de trabajar en los fundamentos microeconómicos.

El Estudio Económico de México de la OCDE de 2019 analiza políticas que podrían contribuyir a un  crecimiento más sólido y equitativo. Los principales hallazgos son:

• El
mantenimiento de la estabilidad macroeconómica es clave para un ajuste suave a
los choques en un contexto de una mayor incertidumbre y para brindar confianza
a los agentes económicos en el mediano plazo.

• La
implementación de una estrategia integral para impulsar la productividad y la
inclusión requiere de la implementación de un paquete integrado de reformas en
varias áreas, ya que existen complementariedades imporantes en las medidas de política
económica.

• Aumentar
la equidad y brindar oportunidades para todos, incluidas las mujeres, las
poblaciones indígenas y las regiones rezagadas, debe ser un elemento integral
de la agenda de la reforma para resolver las enormes disparidades de México en
materia de dinamismo económico, pobreza y bienestar (Figuras 2 y 3).

Muchas
reformas pueden aumentar simultáneamente el crecimiento y compartir los
beneficios más ampliamente. Las principales prioridades de política pública son:
mejorar los resultados educativos, aumentar la participación de las mujeres en
el mercado laboral, mejorar los incentivos para la formalización laboral y
empresarial, mejorar las regulaciones para estimular la competencia, impulsar
la infraestructura, incentivar aún más el comercio y la participación en las
cadenas de valor mundiales, en particular las PYME. Hay también que fortalecer
el papel redistributivo de la política fiscal.

Instituciones
más fuertes son clave para lograr un crecimiento más fuerte y aumentar la
equidad y las oportunidades para todos. La reducción de la corrupción, la
inseguridad y el crimen estimularían la actividad económica y beneficiarían
especialmente a los pobres y desfavorecidos. También son fundamentales para que
todas las demás reformas sean exitosas. México debe continuar los esfuerzos
para reducir el crimen y la impunidad y completar la implementación de las
reformas de los Sistemas Anticorrupción Nacional y Local y evaluar? los
resultados, especialmente enfocándose en la capacidad de los diferentes estados
para fortalecer sus marcos institucionales.




Las perspectivas económicas son positivas en los principales países de América Latina pero los riesgos a la baja se han acentuado

Alvaro S. Pereira (Director) y mesas de países latinoamericanos, Departamento de Economía, Directorado de estudios de países, OCDE

La economía mundial está navegando mares agitados. El crecimiento del PIB mundial es fuerte, pero ha alcanzado su punto máximo. En muchos países, el desempleo está por debajo de los niveles anteriores a la crisis de 2008, la escasez de mano de obra se empieza a sentir, aunque la inflación sigue siendo templada. Sin embargo, el comercio y la inversión mundiales se han desacelerado como consecuencia del incremento de aranceles bilaterales y de mayor incertidumbre política, mientras que varias economías emergentes están experimentando salidas de capitales y un debilitamiento de sus monedas. La recuperación del crecimiento global  comenzará a desacelerarse, mientras que los riesgos a la baja se han acentuado. Se prevé que el crecimiento del PIB mundial disminuya del 3,7% en 2018 a 3,5% en 2019-2020. Sin embargo, abundan los riesgos de recesión y los responsables políticos tendrán que orientar cuidadosamente sus economías hacia un crecimiento sostenible, aunque más modesto, del PIB.

En las principales economías de América Latina, la recuperación económica se ha vuelto despareja. Mientras que en algunas, el crecimiento se ha revisado a la baja, en otras se ha revisado al alza. Esta disparidad está estrechamente ligada a cómo estas economías han evolucionado frente al estrés financiero e incremento de volatilidad financiera de los pasados meses. Las economías de la región con mejores fundamentos macroeconómicos, bancos centrales independientes, políticas monetarias contracíclicas, un marco de política fiscal sólido y sin grande descalce de monedas en la deuda corporativa o soberana, fueron los que sortearon mejor las condiciones financieras globales adversas que sometieron a varios países a una repentina salida de capitales y debilitamiento de sus monedas.

Table LAC EO104 Esp

Mientras que Chile y Colombia han ganado ímpetu, Brasil ha mostrado menor crecimiento y Argentina ha caído en recesión. México y Costa Rica también han experimentado menor ímpetu al esperado. Se espera que el crecimiento en Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica y México, países que cubren alrededor del 85% del PIB de América Latina, se sitúe en torno al 1.4% este año y se acelere a 2.0% en 2019 y 2.7% en 2020 (promedio ponderado) (Tabla). Sin embargo, abundan los riesgos a la baja, mientras que la región se encuentra vulnerable al contexto global. Algunos indicadores, como los déficits fiscales y de cuenta corriente (Figura) se han acentuado en la mayoría de estas economías en la última década, sugiriendo que la región es aún vulnerable. Debe notarse que la situación es dispar y se debe mirarse una lista más amplia de indicadores.

Una acumulación de riesgos podría crear las condiciones para una desaceleración de crecimiento más acentuada de la esperada. En primer lugar, nuevas tensiones comerciales afectarían al comercio y al crecimiento del PIB, generando aún más incertidumbre para las empresas y la inversión. En segundo lugar, el endurecimiento de las condiciones financieras globales podría acelerar las salidas de capitales y deprimir aún más las monedas de la región. En tercer lugar, una fuerte desaceleración en China afectaría a la región y otras economías emergentes, pero también a las economías avanzadas si el shock de la demanda en China provocara un descenso significativo de los precios mundiales de las acciones y un aumento de las primas de riesgo mundiales.

Figure LAC EO104Esp

De cara al futuro, será necesario reforzar el marco de las políticas macroeconómicas para reducir vulnerabilidades donde sea necesario. La mayor parte de las economías de la región están comenzando, o lo harán en el futuro próximo, políticas monetarias más restrictivas, al tiempo que también deben llevar a cabo una consolidación fiscal. Dependiendo de las holguras de cada país, será importante encontrar un ritmo que balancee las necesidades de gasto social y de inversión pública, con la necesidad de poner la deuda en una senda sustentable. En Chile, Colombia y México, esta consolidación se puede llevar a cabo de manera gradual, pero Argentina, Brasil y Costa Rica necesitan hacerlo de manera más urgente. Reformas pensionales o tributarias serán necesarias en este sentido.

Dado el escaso margen para hacer políticas contracíclicas ante la realización de riesgos externos y una deceleración más acentuada, el momento de impulsar reformas estructurales necesarias es ahora, para garantizar un futuro con incremento sostenido de la productividad y mayor inclusión. Muchos países de la región tienen margen para reformar el sistema tributario y hacerlo más eficaz para mejorar los incentivos a la inversión y recaudar más recursos. Según las características de cada país, posibles medidas pueden incluir limitar el uso de exenciones tributarias y tasas reducidas, en particular en el IVA, pero también en los corporativos, extender las bases de imposición incluyendo más personas en los impuestos a los ingresos personales, reducir la evasión o hacer mayor uso de impuestos a la propiedad, a la herencia o impuestos ambientales. Otras prioridades deberían focalizarse en fomentar las exportaciones, y diversificarlas, lo que ayudaría a reducir los déficits de cuenta corriente. Invertir en capital humano de calidad e innovación, cerrar las brechas de infraestructura y logística y frenar la corrupción apoyarían a las exportaciones y su diversificación, fortaleciendo el crecimiento. Alentar la participación de la mujer en la fuerza laboral, reducir la precariedad e informalidad del mercado laboral, así como reformas al sistema de pensiones son también urgentes en varios países de la región y necesarios para aumentar la productividad y bajar las desigualdades.

Argentina: La economía seguirá en recesión en 2018 y 2019 debido a un endurecimiento fuerte y simultáneo de políticas monetarias y fiscales. El consumo privado y la inversión seguirán siendo bajos a causa del descenso de los ingresos reales y de los elevados tipos de interés, y aumentará el desempleo. Sin embargo, una mejor cosecha y un tipo de cambio real más competitivo contribuirán al aumento de las exportaciones.

Brasil: El crecimiento cobrará impulso en 2019 y 2020 gracias al aumento del consumo privado, respaldado por mejoras en el mercado laboral. La reactivación del crédito y el descenso de la incertidumbre política una vez que el nuevo gobierno tome posesión apuntalarán la recuperación económica. La incertidumbre política sobre la implementación de reformas sigue siendo importante y podría frenar la recuperación pero, si desaparece y las reformas siguen adelante como se supone que deberían hacerlo, aumentará la inversión.

Chile: Según las proyecciones, el crecimiento seguirá aumentando en los próximos dos años. Ante una incierta coyuntura externa, el crecimiento estará respaldado por la sólida demanda interna con ayuda de un entorno de inflación estable, proyectos de infraestructuras públicas y una reforma fiscal. A pesar que las desigualdades han disminuido, permanecen altas, debido a que la informalidad y el desempleo siguen siendo elevados y las transferencias sociales escasas.

Colombia: Las proyecciones indican que el crecimiento repuntará, ya que los proyectos de infraestructuras, el descenso del impuesto de sociedades y la subida de los precios del petróleo potenciarán la inversión. La mejora de la confianza y de las condiciones de financiamiento respaldará el consumo. A medida que el crecimiento se vaya afianzando, el desempleo descenderá. Los indicadores sociales están mejorando, aunque la informalidad y la desigualdad se mantendrán en niveles elevados.

Costa Rica: Según las proyecciones, el crecimiento se recuperará hasta el 3¼ aproximadamente en 2020 y será generalizado, sostenido tanto por la demanda interna como externa. Sin embargo, la incertidumbre, particularmente respecto a las reformas fiscales planificadas está lastrando el crecimiento a corto plazo. Las proyecciones parten del supuesto de que las reformas fiscales se aplicarán a partir de 2019, con un modesto ajuste fiscal que frenará el crecimiento en 2019 y 2020.

México: Está previsto que el crecimiento repunte hasta el 2¾ por ciento hacia 2020. El bajo nivel de desempleo, fuertes remesas y la recuperación de los salarios reales reforzarán el consumo de los hogares. La inversión, que ha sido persistentemente baja, se reforzará a consecuencia de los planes de inversión públicos anunciados y del aumento de la confianza vinculado al acuerdo comercial entre Estados Unidos, México y Canadá. El crecimiento de las exportaciones se reducirá debido a unas condiciones internacionales menos favorables, en especial en Estados Unidos. La subida de los precios de la energía ha empujado la inflación al alza, pero las expectativas y la inflación subyacente siguen ancladas y dentro del rango meta del banco central. El alto nivel de informalidad contribuye a que haya una gran desigualdad y una escasa productividad.

Para leer en más detalle sobre las proyecciones macroeconómicas, así como los principales desafíos estructurales ir al reporte en la versión español/portugués o inglés (que incluye proyecciones para países de la OECD, principales desafíos y un capítulo especial sobre la desvinculación de los salarios y la productividad y las implicancias en términos de políticas públicas).




Costa Rica: Distribuir los beneficios del crecimiento más ampliamente

CRI cover ESP smallPor Sonia Araujo y Lisa Meehan, Sección de Costa Rica, Departamento de Economía de la OCDE

La economía de Costa Rica es sólida y continúa convergiendo hacia los niveles de vida de los países miembros de la OCDE (Figura 1). Si bien la productividad ha repuntado recientemente, sigue habiendo una gran brecha con respecto a la de los países de la OCDE. Las tasas de empleo son bajas y el desempleo sigue por encima de los niveles previos a la crisis, afectando predominantemente a los jóvenes y a quienes están poco calificados. Como resultado, y en contra de la tendencia general en América Latina, la informalidad y la desigualdad no están disminuyendo (Figura 2). La OCDE, en su reciente Estudio Económico de Costa Rica, encuentra que las regulaciones anticompetitivas y la alta segmentación del mercado laboral obstaculizan la materialización plena de oportunidades para hacer que el crecimiento sea más inclusivo. Para poner en marcha un “círculo virtuoso” de crecimiento inclusivo será necesario adoptar reformas en varias áreas de políticas que presentan oportunidades beneficiosas para todos, en términos de equidad y mejoras de la productividad.

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En primer lugar, existen obstáculos importantes al emprendedurismo, amplias exenciones antimonopolio y alto control estatal en muchos sectores. Aportarían grandes beneficios de crecimiento medidas orientadas a mejorar la gobernanza de las empresas estatales según las normas de la OCDE, establecer ventanillas únicas para el registro y la concesión de licencias, simplificar los procedimientos de insolvencia, eliminar las exenciones antimonopolio y mejorar la facilitación del comercio.

Segundo, Costa Rica debe implementar una estrategia integral para combatir la informalidad, que incluya una mayor exigencia al cumplimiento con las obligaciones de pago de contribuciones y la continuación de la reducción de la compleja estructura del salario mínimo, lo que agrava los costos de las empresas y desalienta la formalización laboral. Costa Rica debe de continuar reduciendo su compleja estructura actual de 23 salarios mínimos bajo categorías sectoriales, ocupacionales, de niveles educativos y de habilidades.

En tercer lugar, la educación debería seguir siendo una prioridad política como estrategia para pasar a niveles de ingresos más altos y responder al cambio estructural en curso hacia actividades de mayor valor agregado. Pero Costa Rica obtiene muy poco de su inversión sustancial en educación. Con casi un 8% del PIB, el gasto en educación es más alto que en todos los países de la OCDE. Sin embargo, los resultados de las pruebas PISA revelan que un tercio de los estudiantes carecen de competencias básicas y los resultados están fuertemente influenciados por los antecedentes socioeconómicos. Los recursos deben canalizarse a la educación secundaria, donde hay crecientes presiones demográficas y una necesidad de aumentar el acceso y la educación, y hacia la educación y atención infantil, para que todos los niños puedan desarrollar plenamente su potencial. Se debe brindar un apoyo más focalizado y dirigido a los estudiantes en riesgo desde el principio del proceso educativo. En general, el gobierno debería hacer la transición del enfoque actual basado en los recursos y el financiamiento hacia uno basado en el logro de resultados, así como establecer una meta clara y verificable basada en el desempeño para medir el éxito de sus políticas educativas.

Pero la mayor amenaza para el crecimiento y los niveles de vida en el mediano plazo sigue siendo la sostenibilidad fiscal. El déficit presupuestario superó el 5% del PIB en los últimos cinco años. Los esfuerzos recientes para aumentar la recaudación de impuestos no han reducido el déficit presupuestario, debido al amplio uso de la asignación obligatoria de fondos, la fragmentación del sector público en instituciones autónomas y las obligaciones de gasto vía legislación. Como resultado, la deuda del gobierno central se ha disparado de menos del 25% del PIB en 2008 al 49% en 2017 (Figura 3). Se necesita con urgencia un paquete de reforma fiscal integral que permita estabilizar la relación de deuda a PIB. Existe un amplio margen para recaudar ingresos adicionales ampliando la base tributaria y continuando en la lucha contra la evasión y elusión fiscal. Sin embargo, el aumento de los ingresos fiscales no ayudará a contener el déficit, a menos que se restrinja la marcada asignación de recursos con destinos específicos. Reformar la estructura salarial del sector público, fortalecer el marco presupuestario con una nueva regla fiscal que sea operativa y mejorar la gestión de la deuda, son medidas que contribuirían a equilibrar el presupuesto.

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Referencias
Estudios Económicos de la OCDE: Costa Rica 2018