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Un entorno internacional desafiante: ¿Qué oportunidades y desafíos para América Latina?

Por Jens Arnold, Aida Caldera, Priscilla Fialho, Paula Garda, Alberto González Pandiella and Alessandro Maravalle, Departamento de Economía, OCDE

Tras un fuerte repunte en 2021, la recuperación económica de América Latina se ralentizará. La propagación de Omicron, los prolongados cuellos de botella en las cadenas de suministro mundiales, la inflación más alta y generalizada, el endurecimiento de las condiciones financieras en la región y en el extranjero, junto con una demanda mundial más débil, contribuyeron a debilitar la demanda interna en los primeros meses del año. La recuperación parcial de los mercados de trabajo, con salarios, empleo y niveles de participación que se mantienen por debajo de los niveles pre-pandemia en muchos países, no ha sido suficiente para compensar la retirada de las medidas extraordinarias de apoyo en algunas economías latinoamericanas y el aumento de los precios.

La invasión de Ucrania está desacelerando la economía mundial y contribuyendo a agravar las presiones inflacionarias, aumentando la incertidumbre para la región. Ahora se prevé que el crecimiento del PIB mundial se ralentice bruscamente hasta el 3% en 2022 (desde un 4.5% que se preveía en diciembre 2021) y 2.75% en 2023. Las cuarentanas en China, junto con la guerra, está prolongando las interrupciones en las cadenas de valor y el comercio mundiales. Los precios de las materias primas han subido considerablemente, lo que ha aumentado la inflación en todas partes. Las proyecciones para la inflación se encuentran ahora en torno al 9%, el doble de lo que pronosticábamos en diciembre del año pasado. La inflación subyacente se moderará un poco, pero se mantendrá por encima de los objetivos en la mayoría de las principales economías a finales de 2023, a pesar de la normalización de la política monetaria.

En comparación con el resto del mundo y las economías avanzadas de la OCDE, el crecimiento de América Latina corre el riesgo de quedarse atrás en los próximos años (Cuadro 1), comprometiendo la convergencia hacia niveles de vida más altos. En relación a nuestras proyecciones de diciembre de 2021, para las seis principales economías de América Latina, el crecimiento del PIB se ha revisado a la baja en 0,7 puntos porcentuales en 2022 y 0,6 puntos porcentuales en 2023, mientras que, excluyendo Argentina, la inflación se ha revisado significativamente al alza en 3,5 puntos porcentuales en 2022 y 2 puntos porcentuales en 2023. No obstante, existen algunas diferencias entre países. En Argentina y Colombia, el crecimiento del primer trimestre de 2022 resultó más fuerte de lo previsto, lo que llevó a una revisión al alza de las proyecciones.

Cuadro 1. Perspectivas económicas de los países de América Latina

Nota: América Latina (ALC) es la media ponderada por PIB a paridad de poderes de compra de los 6 países en la tabla para el PIB; y la media simple de los países incluidos en el cuadro para la inflación.
Fuente:  OCDE Perspectivas Económicas No. 111, junio de 2022. 

Se han exacerbado desafíos ya existentes y han surgido otros nuevos

Las economías latinoamericanas salieron de la crisis de COVID-19 con una mayor deuda pública como porcentaje del PIB y un espacio fiscal muy limitado. A medida que la inflación alcanza niveles altos en todo el mundo y los bancos centrales endurecen la política monetaria, sobre todo en Estados Unidos, esto supone una amenaza no despreciable para la estabilidad financiera de la región. El aumento de los costes de financiación a nivel mundial y nacional dificultará a los países latinoamericanos la refinanciación de la deuda, el cumplimiento de las obligaciones de la deuda externa y la financiación de las tan necesarias inversiones en infraestructuras y otras reformas pro-crecimiento, aunque la proporción de la deuda en moneda extranjera en las nuevas emisiones haya disminuido considerablemente. Los cambios bruscos en la orientación de la política monetaria de las economías avanzadas también podrían dar lugar a importantes salidas de capital y a la depreciación de la moneda, exacerbando las presiones inflacionistas internas. Una desaceleración significativa del crecimiento en China también podría repercutir en el comercio y el crecimiento de la región.

Los hogares de bajos ingresos, que todavía están luchando por el impacto económico de la pandemia, se están viendo muy afectados por el aumento de los precios de los alimentos y la energía. En una región con niveles históricamente altos de desigualdad, y donde muchos todavía están luchando por recuperarse de la pandemia, esto está añadiendo presión a los gobiernos para que refuercen el apoyo social y aumenten el gasto público para reducir el riesgo de malestar social. La mayoría de los países han respondido al aumento de la inflación intentando influir directamente en los precios: reducción de los aranceles a la importación de productos agrícolas y otros bienes básicos (Brasil, Colombia, México), medidas de reducción de impuestos (Argentina, Brasil, México, Perú), aumento de las subvenciones a la energía (Argentina, Chile, Perú) o medidas para aumentar la producción de granos básicos (México). La reducción de los aranceles de importación es bienvenida y podría incluso hacerse permanente. Los gobiernos deberían tratar de ampliar temporalmente los programas de transferencias monetarias específicas para apoyar a los hogares más vulnerables, como ha hecho Chile.

Algunas señales de esperanza

En el caso de los exportadores netos de materias primas, como Brasil y Colombia, el aumento de los precios del petróleo, los minerales y la agricultura ha mejorado los resultados fiscales, aliviando temporalmente las presiones fiscales. La relación de intercambio también ha mejorado para estos países, apoyando a los sectores exportadores, lo que ha impulsado las entradas de capital. Sin embargo, para los importadores netos de materias primas, como Costa Rica, la relación de intercambio se ha deteriorado, perjudicando las perspectivas de crecimiento a corto plazo. La guerra en Ucrania también ha llevado a los inversores a reequilibrar sus carteras a expensas de Rusia y de los países de Europa Central altamente expuestos a Rusia, en beneficio de algunas economías latinoamericanas, como Brasil. Estas entradas de capital han servido de apoyo a la moneda local y han contenido la inflación importada hasta ahora, aunque no se puede descartar una posible reversión a medida que las economías avanzadas endurezcan su política monetaria.

La guerra en Ucrania también está afectando a la dinámica del comercio mundial, sobre todo cuando las exportaciones rusas tenían una cuota de mercado considerable. En el caso de algunos productos, como los cereales y los minerales, algunos países latinoamericanos están bien situados para mitigar el choque de la oferta, como Argentina, Brasil o Colombia. Esto podría ser una oportunidad para mejorar los resultados de las exportaciones y establecer vínculos comerciales duraderos con nuevos socios comerciales. Al mismo tiempo, los últimos acontecimientos han aumentado el apetito por la deslocalización, lo que podría jugar a favor de la región dada su proximidad al mercado norteamericano. El comercio podría convertirse en un importante pilar para la recuperación económica de la región y sus futuras perspectivas de crecimiento.

Conseguir el equilibrio de políticas adecuado

Los gobiernos latinoamericanos deberían responder a este entorno especialmente desafiante y aprovechar las oportunidades existentes. El apoyo fiscal para compensar a los hogares vulnerables por el aumento de los precios de la energía y los alimentos debería ser temporal y específico, para evitar poner en peligro los esfuerzos de consolidación fiscal. Rompiendo con el pasado, esta vez los ingresos adicionales de las materias primas deberían utilizarse con prudencia, por ejemplo para reducir la deuda pública, ya que las perspectivas de crecimiento son inciertas y también lo es la evolución futura de los precios de las materias primas. Los bancos centrales deben seguir vigilando la situación y estar dispuestos a seguir subiendo las tasas de interés oficiales para evitar un desanclaje de las expectativas de inflación. Por último, los gobiernos deben abordar los obstáculos que desde hace tiempo se oponen a la integración comercial, como las deficiencias de las infraestructuras, las barreras arancelarias y no arancelarias que aún existen o la falta de mano de obra cualificada. Esto será clave para un crecimiento económico y de las exportaciones amplio e inclusivo. Debe prestarse mayor atención a las políticas medioambientales para garantizar una reducción progresiva de las emisiones de carbono.

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